Los excrementos como sistema de comunicación: las letrinas

Diferentes letrinas cartografiadas en torno a dos ríos en 2019, a día de publicación de este artículo, el 60% han desaparecido por diferentes causas. Toma de datos e infografía: Jorge Ortiz y Alicia Page.
Los mamíferos llevamos utilizando las heces como sistema de comunicación entre individuos desde antes incluso de ser mamíferos

Naturaleza al descubierto
Jorge Ortiz, EIMA Escuela de Medio Ambiente y Alicia Page, bióloga
Como en artículos anteriores ya tratamos las diferentes ventajas y formas de encriptación de mensajes en los excrementos, esta vez vamos a pasar directamente a los problemas.

Un zorro (por poner un ejemplo universalmente conocido) sólo posee una media de ocho excrementos diarios para deponer, o lo que es lo mismo ocho mensajes diarios que enviar. Si se acaban, no hay más, si por algún motivo no se usan para marcar, no hay más, si el lugar de deposición es mal seleccionado y no son detectados por ningún congénere, no hay más. Y ese no hay más significa que cualquier competidor podrá entrar en su territorio generando peleas y posibles lesiones al propietario, robando su preciado alimento o inseminando a la hembra que tanto le ha costado al macho cubrir durante un año entero… ¡y todo esto, sin siquiera percatarse de nada!

«Un zorro sólo posee una media de ocho excrementos diarios para deponer, o lo que es lo mismo ocho mensajes diarios que enviar»

La solución de las letrinas
Para algunas especies, la solución a este problema es bastante sencilla; establecer ‘zonas de comunicación’ donde acudir a emitir e interpretar mensajes llegando a formar cúmulos de excrementos de diferentes individuos denominados ‘letrinas’. De este modo la posibilidad de pérdida de un mensaje es mínima, pueden establecerse fácilmente jerarquías de dominancia, marcajes territoriales, para las hembras es posible avisar con rapidez de su estado reproductor (normalmente apenas están receptivas para la copula 6-8 horas por celo) e incluso se cree que podría permitirlas elegir entre los diferentes machos que frecuentan la zona. Aunque también presenta un grave problema, mayor propagación de parásitos intestinales u otros problemas de salud.

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Zorro. Foto: J.M. Álvarez Navarro.

Este comportamiento aparece en diferentes especies ibéricas en las que ha evolucionado por separado, meloncillo, lince, gato montés, mapache, visón americano, etc. (observaciones personales). Pero probablemente el ejemplo más visual sea el de la gineta; un carnívoro de mediano tamaño y hábitos semiforestales que llega a realizar enormes acumulaciones de más de 500 excrementos (observaciones personales), depositados hasta por una decena de individuos diferentes.

Los descomunales cúmulos de heces de gineta suelen encontrarse sobre las superficies llamativas, elevadas y planas situadas en el interior (o la cercanía) de las masas arboladas con mayor abundancia de alimento. O lo que en el 91% de los casos es lo mismo, sobre construcciones humanas en zonas húmedas y arboladas (datos propios). Otras especies más sociales como tejones, conejos y probablemente topillos, prefieren situar sus letrinas en los bordes del territorio de modo que sirvan de ‘amenaza grupal’ para cualquier individuo que se atreva a acercarse.

«Otras especies más sociales como tejones, conejos y probablemente topillos, prefieren situar sus letrinas en los bordes del territorio»

En los conejos, los encargados de mantener este tipo marcaje son los machos del clan mientras que las hembras suelen dedicarse a otras tareas como la crianza, limpieza y reforma de la madriguera o la creación de un tercer tipo de letrina mucho más pequeña. Un tipo que se sitúa en las entradas de las conejeras junto a grandes cantidades de orina de diferentes individuos y que se encarga de mantener el olor del clan en todos los accesos a la conejera, para ayudar al resto de individuos del grupo a reconocer su hogar e incluso a orientarse por el territorio.

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Cartografía de una tejonera de 17 bocas y sus letrinas asociadas a lo largo de un año de seguimiento. Toma de datos e Infografía: Jorge Ortiz y Alicia Page.

Estos dos tipos de letrinas existen también en los tejones con exactamente las mismas funciones, quizá la principal diferencia sea el reparto de tareas, pues en este caso todos los integrantes del grupo colaboran en la creación y mantenimiento de las letrinas.

Otra importante diferencia es el lugar pues al contrario que los conejos que realizan las letrinas en lugares expuestos, los tejones depositan sus heces u orina en el interior de agujeros que previamente excavan, a salvo de las inclemencias del climáticas, para asegurar que su mensaje perdure el mayor tiempo posible. Además, los tejones no depositan los mensajes en todas las bocas de la madriguera, como si lo hacen los conejos, si no que marcan únicamente las entradas más utilizadas.

Independientemente de la especie a la que pertenezcan, las letrinas son lugares de intercambio de información entre diferentes individuos. Por ello las acumulaciones casuales de excremento como las dejadas por los ciervos cuando comen o descansan y dejan ‘pequeños grupitos de heces’, no pueden ser consideradas como tal. Se trata de un sistema de comunicación complejo, que, por causas aún desconocidas para nosotros, en algunas especies ha evolucionado durante millones de años, pero en otras ni siquiera ha llegado a desarrollarse.

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