No todas las abejas fabrican miel; el dulzor de las silvestres

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“¡Ten cuidado, que pican!”, “qué haríamos sin ellas… ¡No tendríamos miel!” 

el Mirador
Por Alberto Rodríguez Ballesteros
Biólogo colaborador y socio de Iberozoa
Seguro que las dos frases con las que comenzaba este texto han sido suficientes para que comiences a pensar en… ¡Abejas! Sin embargo, la realidad es que esto es una peligrosa generalización, pues en la naturaleza podemos encontrar inofensivas abejas sin aguijón, o miles y miles de especies que para nada producen miel.

Las abejas son consideradas a nivel mundial como los principales polinizadores tanto de plantas con flores como de cultivos comerciales. Manzanas, almendras, sandías, melones, pepinos, tomates, calabazas, kiwis, pimientos, fresas… todos ellos son alimentos cuya producción depende de su actividad.

Por suerte, en la región mediterránea ibero-balear contamos con una cifra de la que debemos estar orgullosos: 1.100 especies de abejas de las más de 20.000 citadas hasta la fecha a nivel mundial. De entre todas ellas, sorprendentemente sólo una fabrica nuestra preciada miel: Apis mellifera, comúnmente denominada abeja melífera, de la miel, o abeja doméstica europea.

Es la ‘Abeja Maya’ que todos conocemos, con su compleja estructura social, su fascinante ciclo vital y la colmena como estructura en la que el enjambre se refugia y cría a las siguientes generaciones. Un segundo, ¿entonces esto es sólo una especie? Así es. Al menos en España es la única que utilizamos con fines apícolas. Las especies restantes son, por tanto, las valiosas, pero ciertamente ignoradas, abejas silvestres.

“En la región mediterránea ibero-balear contamos con 1.100 especies de abejas”

Lejos de vivir en una colmena, la mayoría de las abejas silvestres son solitarias. También las hay sociales -que viven en colonias- o parásitas, las cuales, como su nombre indica, se aprovechan de los nidos de las anteriores para poner sus huevos. Esto a las abejas del género Megachileles les resulta muy desagradable, pues fabrican laboriosamente sus celdillas de cría a partir de recortes circulares de hojas y pétalos.

El género Osmia se afana taponando sus nidos con hojas masticadas y barro. La mayor parte de las abejas silvestres deciden excavar sus nidos bajo tierra, aunque también se pueden encontrar en tallos, troncos, o pequeñas grietas. Algunas, las denominadas ‘abejas alfareras’, construyen dichas celdas desde cero con materiales como barro seco, resina o fibras vegetales. Menuda variedad, ¿no?

Los polinizadores silvestres son fundamentales en nuestros ecosistemas. Foto: Alberto Rodríguez Ballesteros

Pero ahí no acaba el crisol de rasgos y matices. La coevolución entre abejas silvestres y plantas a lo largo de miles y miles de años ha originado toda una gama de adaptaciones y de interacciones mutualistas planta-polinizador. ¡Incluso hay abejas tan especializadas que sus visitas florales están restringidas a una sola especie vegetal!

No obstante, todas estas especializaciones son un arma de doble filo, pues las especies sufren más riesgo de desaparecer si se originan cambios bruscos en su entorno. Por ello, factores como la destrucción y fragmentación de los hábitats o el uso extensivo de monocultivos, pesticidas y herbicidas, están acabando poco a poco con la riqueza de polinizadores silvestres de nuestra región, que, a diferencia de las abejas domésticas, no tienen el amparo de los apicultores.

“La destrucción y fragmentación de los hábitats o el uso extensivo de monocultivos, pesticidas y herbicidas, están acabando con los polinizadores silvestres”

Si seguimos borrando de nuestra conciencia, de nuestra ciencia y de nuestras leyes tanto a las abejas silvestres como al resto de polinizadores silvestres, acabaremos ‘tachando’ definitivamente mil formas, colores y formas de vida. Para frenar su declive, es necesario tomar medidas inmediatas de conservación a nivel individual, local, nacional y principalmente legal y científico.

A nivel individual, son cada vez más las personas que se animan a sembrar especies aromáticas -como la lavanda- en sus huertos, jardines y terrazas; o a construir un pequeño hotel de insectos con ayuda de unos pocos barrotes de madera y cañas. En internet encontrarás miles de ideas y proyectos centrados en ayudar a crear un entorno más sostenible y comprometido con estos polinizadores. ¡Sólo es cuestión de ponerse!

Ahora que ya has descubierto el mundo que se esconde entre las flores de tu jardín, no te quedes con la generalización, ni con la miel en los labios, y aprende a saborear el dulzor de las silvestres.

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