Debemos actuar para limitar la desertificación


El cambio climático tiene graves consecuencias sobre la vegetación y el suelo de la Comunidad de Madrid 

el Mirador
Por Miguel Á. Ortega, presidente de la Asociación Reforesta
Reforesta trabaja para evitar la desertificación y recuperar la vegetación autóctona, por ello sabemos lo que cuesta sacar adelante una reforestación. Hasta hace relativamente poco, el periodo de plantación habitual se extendía de octubre a marzo. En la actualidad, raro es que el mes de octubre sea fresco y húmedo, por lo que en la mayor parte del territorio de la región lo normal es que la tierra no tenga aún buen tempero. En años recientes, también noviembre ha sido tan templado y seco que hemos debido dar algún riego de socorro. Es frecuente que el propio mes de marzo, y hasta el de febrero, sean cálidos. En 2015, 2017 y 2019 hemos sufrido meses de mayo tórridos. Las primaveras lluviosas, como las de 2018 y 2020, van siendo menos frecuentes y las tormentas estivales han disminuido notablemente. Todo esto implica más gasto en regar los árboles.

En consecuencia, la vegetación tiene más estrés hídrico y su salud empeora. En este siglo varias sequías han provocado que grandes extensiones de encinar hayan sufrido marchitez. Muchos de los pies afectados se han secado. Aunque la mayor parte de los árboles se ha ido recuperando, la repetición periódica de esta situación los debilita y les hace más vulnerables a plagas y a próximas sequías. Asimismo, la mayor sequedad de los bosques incrementa el riesgo de sufrir grandes incendios. El último informe sobre salud forestal determina que en 2019 el 38,9% de los árboles de las principales especies de la Comunidad de Madrid sufrían daños moderados o graves, derivados de la sequía y de parásitos, si bien la acción de estos últimos es más destructiva debido a la sequía.

“En este siglo varias sequías han provocado que grandes extensiones de encinar hayan sufrido marchitez”

Probablemente los resultados de 2020 serán mejores gracias a la mayor pluviosidad; sin embargo, al inicio de 2021 hemos conocido otro fenómeno tremendamente dañino para nuestros bosques, presumiblemente también vinculado al cambio climático. Me refiero, obviamente, a la tormenta ‘Filomena’, que ha dejado multitud de ramas partidas e incluso árboles caídos, los cuales, si no se retiran, supondrán una mayor carga de combustible de cara al verano. Además de lo anterior, tampoco es raro ver floraciones fuera de época en especies como la encina y el fresno. Son floraciones destinadas al fracaso que, sin embargo, suponen un esfuerzo para los árboles.

Proyecto de reforestación realizado por Reforesta en Villamanrique de Tajo y Villarejo de Salvanés.

Al igual que en amplias zonas de España, en lo que queda de siglo la Comunidad de Madrid experimentará una creciente aridez que transformará nuestros paisajes. Ya se aprecia en nuestras montañas, donde los árboles ascienden ocupando cotas en las que hasta hace poco el frío y la nieve impedían que prosperaran. No es una buena noticia, ya que este avance se acompaña de la ascensión del matorral de altura, que es la formación vegetal que sustituye a los árboles en esas inhóspitas condiciones. Esta carrera hacia cotas más altas tiene como víctima final nuestros prados de montaña, que desaparecen y, con ellos, su rica flora y su fauna asociada, de las que forman parte especies endémicas.

Si en las montañas la vegetación de mayor porte está ocupando el espacio de la de menor tamaño, en las zonas más secas de la Comunidad de Madrid, en las que caen menos de 400 mm al año, la disminución de la precipitación hará que la encina sea sustituida por especies arbustivas. Por otra parte, la menor humedad disminuirá la materia orgánica disponible y aumentará la competencia entre las plantas, haciendo que nuestros bosques se aclaren. Esto será especialmente notable en las laderas orientadas a solana y con peores suelos, en las que, de hecho, ya se nota una intensa mortalidad de encinas (por ejemplo, en El Pardo). Las especies atlánticas, aún frecuentes en áreas como el Valle del Lozoya, quedarán recluidas en las vaguadas más umbrías; el pino silvestre, árbol que no soporta bien el calor, irá desapareciendo de las zonas más bajas, siendo su espacio progresivamente ocupado por el melojo, siempre que no le falte humedad.

“En las zonas más secas la disminución de la precipitación hará que la encina sea sustituida por especies arbustivas

La mayor aridez, los grandes incendios forestales, el sobrepastoreo en algunas zonas, las plagas de patógenos alóctonos, la sobreexplotación de acuíferos, la desaparición de los polinizadores e incluso el uso lúdico y deportivo masivo que producen erosión e incrementan el riesgo de incendio, son riesgos que se retroalimentan y conducen inexorablemente al aumento de la desertificación en amplias zonas de la Comunidad de Madrid. Es necesario actuar decididamente para controlar esos factores de riesgo. La acción de Reforesta se centra en devolver a la tierra la variedad de especies que ha perdido para conseguir bosques más adaptables al cambio climático y luchar contra la amenaza de la desertificación. Por ello, priorizamos cada vez más el trabajo en las zonas áridas del sur de la Comunidad de Madrid, sin descuidar tampoco el norte, donde en su día comenzamos nuestro trabajo, habiendo enriquecido varios montes con miles de árboles y arbustos gracias a la colaboración de empresas, administraciones y, como no, de nuestros socios y voluntarios.

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