Entidades sociales y expertos piden un Parque Nacional libre de deportes agresivos


ONG y científicos lanzan un manifiesto para pedir que el espacio protegido no se convierta en parque temático de deportes y competiciones 

Redacción/. Un informe resultante de un extenso proceso de consulta a expertos independientes y multidisciplinares, realizado de manera preliminar a la redacción del Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG) del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, identifica la masificación del uso público como el principal escollo para la conservación de este espacio protegido.

Grupo de ciclistas circulando fuera de pista en La Najarra.

Los expertos consultados denuncian que “se está llevando a cabo un uso descontrolado de la naturaleza para fines deportivos” señalando muy específicamente como usos deportivos especialmente incompatibles con la conservación la celebración de competiciones deportivas y el tránsito ciclista fuera de las pistas de uso rodado.

Como resultado del informe, se ha hecho público un Manifiesto que ha sido suscrito por casi una treintena de científicos, catedráticos, investigadores, técnicos de espacios protegidos y especialistas en conservación de especies amenazadas, además de casi dos decenas de colectivos conservacionistas y grupos de investigación, así como El Guadarramista.

En el Manifiesto, los firmantes recuerdan que en el Parque Nacional existen más de 600 kilómetros de pistas forestales

En el Manifiesto, los firmantes recuerdan que en el Parque Nacional existen más de 600 kilómetros de pistas forestales, perfectas para el uso ciclista respetuoso y compatible con la conservación, y por otra parte aportan una alternativa para la celebración de competiciones de carreras por montaña en las zonas menos frágiles del Parque Nacional, y en los períodos y condiciones de mínima interferencia con los procesos naturales y con los derechos de los demás usuarios.

5 Respuestas a “Entidades sociales y expertos piden un Parque Nacional libre de deportes agresivos

  1. Las competiciones por montaña que se celebran en el parque han de contar con los permisos pertinentes y pasan bajo una lupa bastante estricta.
    Gordo patinazo señalar a las escasas competiciones que allí se celebran, ¿eh?
    Los cientos de usuarios particulares que suben al monte sin control alguno de qué hacen y cómo lo hacen son lo que deberían llamar vuestra atención.
    Ah, que eso es ya difícil de abarcar …

  2. “Respecto a las competiciones de carrera por montaña en el Parque Nacional : Abogamos por su prohibición total” lo de las alternativas lo dicien con la boca pequeña, por si acaso, pero el punto está claro y en negrita.

  3. Y con todos mis respetos por los firmantes, la redacción del documento me parece poco afortunada y mezcla churras con merinas. Aviso que es largo: No se pueden comparar las competiciones deportivas, sean del tipo que sea, con una actividad deportiva como el ciclismo de montaña, que en su mayor parte es de uso lúdico dentro del parque nacional. Las competiciones deportivas como tal tienen su propia regulación dentro del parque y tienen unas motivaciones y unos impactos muy diferentes de lo que es la práctica deportiva, en general, que practican los ciudadanos con fines lúdicos y saludables. El debate de si se deben permitir competiciones deportivas es uno y el debate de la regulación de una actividad en concreto es otro; no pretendamos equipar una cosa con la otra.
    Compartiendo en gran medida la preocupación general por los problemas de gestión del uso público en la sierra, lo que está claro es que la regulación de usos debe estar basada en datos científicos y reales del espacio que se pretende gestionar, de los estudios de afluencia y capacidad de acogida, etc. Y esta es una de las principales carencias de este PRUG, como de hecho los redactores señalan. Pero también, con la excusa de la falta de información y del respaldo del citado documento de la valoración de expertos, exponen una serie de prejuicios y opiniones infundadas, que creo que dejan en mal lugar o desacredita un manifiesto que, en principio, está respaldado por expertos.
    Para empezar, las “realidades objetivas y contrastables” como “la erosión de caminos y sendas, el deterioro de la vegetación o la proliferación de basuras”, pues no resultan ni tan objetivas ni tan contrastables. Para empezar, porque no se basan en datos propios de esos impactos en la sierra y porque, evidentemente, no solo se pueden achacar a ciclistas o corredores de montaña (y no hace falte ser un experto para entender esto). De hecho, hay muchos caminos y sendas que se están erosionando y perdiendo y por los que no pasa ni una bici.
    Hay que recordar que las sendas y los caminos son infraestructuras de uso público y, como tal, requieren un mantenimiento, especialmente en un lugar con tanta afluencia de visitantes (familias, senderistas, corredores, ciclistas…), como la sierra de Guadarrama. Y poco o nada se hace al respecto por parte de los Gestores del Espacio.
    Respecto al deterioro de la vegetación, también cabe recordar que la práctica del ciclismo de montaña es una de las pocas actividades deportivas cuya práctica se limita de forma exclusiva al tránsito por las infraestructuras existentes, pistas, caminos y senderos tradicionalmente usados (como recoge el propio PORN de la Sierra de Guadarrama). Salirse de los caminos y afectar a la vegetación no lo defiende ningún practicante del ciclismo y lógicamente, se debe prohibir y sancionar.
    Por cierto, las restricciones a las pistas de más de 3 metros propuestas para las bicis son las mismas que las propuestas para la equitación, que también se considera en el nuevo PRUG una actividad incompatible con la conservación del espacio, de nuevo en contra de lo que decía el propio PORN de la Sierra de Guadarrama. Ahora va resultar que los caminos de herradura, históricos y tradicionales para subir el ganado, a los neveros, a la madera o las repoblaciones no son aptos para los caballos ni para las bicis. Quien ha redactado el PRUG podrá explicar el porqué de esto.
    Lo de relacionar basura con ciclistas o corredores no merece ninguna discusión.
    Y tras comentar esto, vengo a señalar otro de los prejuicios infundados del manifiesto, como es el señalar que prácticas como el ciclismo de montaña “tienen la característica de saltar el filtro de esfuerzo, que preserva los lugares más altos y remotos de las áreas protegidas, y abre la puerta a la masificación de estas zonas y a impactos hasta hace poco raros o inexistentes”. Precisamente por lo que he comentado anteriormente, la capacidad de penetración de un ciclista es, realmente, mucho menor que la de un senderista, un recolector de setas o un escalador, entre otros. De hecho, por poner un ejemplo, la escalada es una práctica deportiva (por cierto, de demostración de habilidades muy superiores a la de montar en bicicleta), que se practica fuera de los caminos, en zonas de alta sensibilidad y en la proximidad de especies protegidas, como son las rapaces rupícolas. Sin embargo, se considera que es una compatible, en el PRUG se crean grupos de trabajo específicos para regular su práctica, se establecen limitaciones temporales, etc. Esto es un buen ejemplo de como cualquier práctica deportiva, bien regulada, contando con la colaboración entre gestores y practicantes, se puede realizar de forma compatible con los valores del espacio, como también se ha ofrecido y solicitado desde el colectivo de ciclistas de montaña. De hecho, me consta que ya se había comenzando a trabajar con la dirección madrileña del PN en determinar que caminos y senderos eran adecuados o no para la práctica del ciclismo, aunque todo ha quedado en aguas de borrajas tras la propuesta de PRUG. También es un ejemplo del doble rasero que los redactores del manifiesto a la hora de valorar los impactos de unas actividades u otras, según convenga.
    Por no seguir enrollándome más de lo que ya estoy haciendo, y para ir terminando, otro aspecto que me parece más que cuestionable para tratarse de un manifiesto apoyado por expertos, es como los redactores del mismo se despachan alegremente la supuesta falta de información y de trabajos científicos “serios” sobre el impacto real de estas actividades, como el ciclismo de montaña, lo cual demuestra su profundo desconocimiento de la materia. Así que, tanto para los redactores del manifiesto como para cualquier otro interesado en el asunto, comparto finalmente algunas referencias bibliográficas de artículos científicos, publicados en revistas revisadas por pares, sobre estas cuestiones de las que estamos hablando, para poder hablar, discutir y, sobre todo, gestionar con más criterio:
    Marion, J. L. y Wimpey, J. 2017. Assessing the influence of sustainable trail design and maintenance on soil loss. Journal of Environmental Management 189: 46-57.
    Pickering, C. M. y Norman, P. 2017. Comparing impacts between formal and informal recreational trails. Journal of Environmental Management 193: 270-279.
    Schleinitz, K.; Petzoldt, T.; Franke-Bartholdt, L.; Krems, J. y Gehlert, T. 2017. The German Naturalistic Cycling Study – Comparing cycling speed of riders of different e-bikes and conventional bicycles. Safety Science 92: 290-297.
    Brown, K. M. 2016. The role of belonging and affective economies in managing outdoor recreation: Mountain biking and the disengagement tipping point. Journal of Outdoor Recreation and Tourism 15: 35-46.
    Du Preez, M. y Lee, D. E. 2016. The economic value of the Trans Baviaans mountain biking event in the Baviaanskloof Mega-Reserve, Eastern Cape, South Africa: A travel cost analysis using count data models. Journal of Outdoor Recreation and Tourism 15: 47-54.
    Ferri, C. 2016. Identifying the Sport Activity of GPS Tracks. Procedia Computer Science 80: 301-312.
    Greibe, P. y Buch, T. S. 2016. Capacity and Behaviour on One-way Cycle Tracks of Different Widths. Transportation Research Procedia 15: 122-136.
    Hagen, S. y Boyes, M. 2016. Affective ride experiences on mountain bike terrain. Journal of Outdoor Recreation and Tourism 15: 89-98.
    Koemle, D. B. A. y Morawetz, U. B. 2016. Improving mountain bike trails in Austria: An assessment of trail preferences and benefits from trail features using choice experiments. Journal of Outdoor Recreation and Tourism 15: 55-65.
    Marion, J. L. 2016. A review and synthesis of recreation ecology research supporting carrying capacity and visitor use management decisionmaking. Journal of Forestry 114 (3): 339-351.
    Newsome, D.; Stender, K.; Annear, R. y Smith, A. 2016. Park management response to mountain bike trail demand in South Western Australia. Journal of Outdoor Recreation and Tourism 15: 26-34.
    Pickering, C.; Ansong, M. y Wallace, E. 2016. Experimental assessment of weed seed attaching to a mountain bike and horse under dry conditions. Journal of Outdoor Recreation and Tourism 15: 66-70.
    Pickering, C. y Leung, Y.-F. 2016. Editorial for the Special issue of the Journal of Outdoor Recreation and Tourism on mountain biking. Journal of Outdoor Recreation and Tourism 15: iii-iv.
    Pickering, C. M. y Rossi, S. 2016. Mountain biking in peri-urban parks: Social factors influencing perceptions of conflicts in three popular National Parks in Australia. Journal of Outdoor Recreation and Tourism 15: 71-81.
    Santos, T.; Nogueira Mendes, R. y Vasco, A. 2016. Recreational activities in urban parks: Spatial interactions among users. Journal of Outdoor Recreation and Tourism 15: 1-9.
    Zajc, P. y Berzelak, N. 2016. Riding styles and characteristics of rides among Slovenian mountain bikers and management challenges. Journal of Outdoor Recreation and Tourism 15: 10-19.
    Pickering, C. M. y Barros, A. 2015. Using functional traits to assess the resistance of subalpine grassland to trampling by mountain biking and hiking. Journal of Environmental Management 164: 129-136.
    Wolf, I. D.; Wohlfart, T.; Brown, G. y Bartolomé Lasa, A. 2015. The use of public participation GIS (PPGIS) for park visitor management: A case study of mountain biking. Tourism Management 51: 112-130.
    Barros, A.; Gonnet, J. y Pickering, C. 2013. Impacts of informal trails on vegetation and soils in the highest protected area in the Southern Hemisphere. Journal of Environmental Management 127: 50-60.
    Monz, C. A.; Pickering, C. M. y Hadwen, W. L. 2013. Recent advances in recreation ecology and the implications of different relationships between recreation use and ecological impacts. Frontiers in Ecology and the Environment 11 (8): 441-446.
    Tomczyk, A. M. y Ewertowski, M. 2013. Planning of recreational trails in protected areas: Application of regression tree analysis and geographic information systems. Applied Geography 40: 129-139.
    Burgin, S. y Hardiman, N. 2012. Is the evolving sport of mountain biking compatible with fauna conservation in national parks? Australian Zoologist 36 (2): 201-208.
    Marion, J. L. y 梁宇暉. 2011. Indicators and Protocols for Monitoring Impacts of Formal and Informal Trails in Protected Areas. 觀光休閒學報 17 (2): 215-236.
    Pickering, C. M.; Rossi, S. y Barros, A. 2011. Assessing the impacts of mountain biking and hiking on subalpine grassland in Australia using an experimental protocol. Journal of Environmental Management 92 (12): 3049-3057.
    Pickering, C.; Castley, J. G.; Hill, W. y Newsome, D. 2010a. Environmental, safety and management issues of unauthorised trail technical features for mountain bicycling. Landscape and Urban Planning 97 (1): 58-67.
    Pickering, C. M.; Hill, W.; Newsome, D. y Leung, Y.-F. 2010b. Comparing hiking, mountain biking and horse riding impacts on vegetation and soils in Australia and the United States of America. Journal of Environmental Management 91 (3): 551-562.
    Törn, A.; Tolvanen, A.; Norokorpi, Y.; Tervo, R. y Siikamäki, P. 2009. Comparing the impacts of hiking, skiing and horse riding on trail and vegetation in different types of forest. Journal of Environmental Management 90 (3): 1427-1434.
    Cessford, G. 2003. Perception and reality of conflict: walkers and mountain bikes on the Queen Charlotte Track in New Zealand. Journal for Nature Conservation 11 (4): 310-316.
    Morey, E. R.; Buchanan, T. y Waldman, D. M. 2002. Estimating the benefits and costs to mountain bikers of changes in trail characteristics, access fees, and site closures: choice experiments and benefits transfer. Journal of Environmental Management 64 (4): 411-422.

  4. Pequeño apunte preliminar, y no dicho por que eso me de más autoridad, ni mucho menos. Llevo saliendo al monte a vivaquear, escalar, caminar y observar fauna desde los 14 años, y ya gasto 50.
    El meollo de la cuestión es siempre el mismo; “yo, yo, yo, y después yo”. Mi disfrute y muchas veces mi mediocre edonismo y mi santa “libertad” primero, y el medio después.
    A mi, me encantaría ir por los cordales y los bosques siempre fuera de camino haciendo el jabalí, pues me encanta, pero no lo hago.
    A mi, cuando voy al Pirineo muchas veces me encantaría ahorrarme los clásicos 12 o 14 kilómetros de las clásicas piestas forestales y meter el coche, pero no lo hago.
    A mi, me encantaría que en el paso tal de la vía cual, que si resbalas te partes las piernas contra la repisita hubiera un parabolt, pero no voy el fin de semana siguiente y lo taladro.
    A mi, en resumen, a veces, no siempre, hay muchas cosas que me gustaría hacer pero el medio es lo primero. Todos los que ahora discutimos de esto un día criaremos malvas y sólo a los incultos, insensibles, egoistas no les importa y anteponen sus “épicas” y “extremas” “aventuras”, pero su huella se quedará. Y así, y así, acumulándose la huella, y el monte cada vez más humanizado y marcado.
    Las carreras de montaña SÍ, son una amenaza para el medio y para Guadarrama. Repito, llevo toda mi vida saliendo al monte y veo las roderas, los acarcavamientos , la pérdida de suelo en muchos caminos con sus consabidas huellas de bici. Veo a los flipados esos que van con coderas y hombreras cual gladiators, pegando gritos por el monte haciendo saltar las piedras del tamaño de un melón. Veo el multiple desdoblamiento de las sendas en los cordales y en los pinares, y son desdoblamientos que han aparecido en los últimos 15 años (más o menos), y ya son el doble de profundos que las sendas de siempre ( a buen entendedor…). Veo, como hace unos días, una cantidad increible de basura en collado Ventoso, gran parte latas de isotónicas y algún que otro bidón de bici ( a buen entendedor).
    Se puede acumular un chorrón de bibliografía ( de la cual una parte está movida por intereses no muy claros), pero, y sin pretenderme yo más listo que hombres de ciencia, hay cosas que sin demagogia y sin exageráción ni histerismo son evidentes para el que observa atentamente y sin prejuicio el monte.
    Observar, por cierto, cosa que es imposible si vas a “toda fostia” por el monte, y que conste y no es presunción, que yo arrastrándome no voy.
    Que no me cuenten milongas. Que no me sean hipócritas, prefiero alguién con el que estoy en radical desacuerdo pero que sea sincero que un hipócrita que intenta justificar y defender algo indefendible sabiendo además que lo es. Díganme que de lo que se trata es, de defender su santo “derecho” a hacer lo que les da la gana.
    En resumen, dejando de lado el daño “espiritual” que deviene de gente en tropel dando gritos por el monte (o sin darlos), muchísimos caminos y sendas están REVENTADAS, y mucho piso alpino se está perdiendo en los cordales y los bosques.

  5. PD:
    Si alguien ha hecho la heroicidad de leer éste tostón que he escrito, y se siente tentado a argumentar en contra, de veras, que no lo haga, y por dos razones.
    1.Las posturas son irreconciliables en éste asunto salvo esa escasa gente que tiene la capacidad de reconsiderar y poner bajo escrutino personal su manera de conducirse, y los argumentos serán siempre los mismos.
    2.Gasto un escasísimo tiempo en la red, sólo a veces en entrar en las también escasas páginas como esta que de veras vale la pena, y si alguien contesta es muy posible que no lo lea hasta dentro de “diez años”.
    Dicho todo esto sin la menor chulería.

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