El perro negro del Monasterio de El Escorial

 

`De leyenda´

Por Rosa Alonso

 

Turno para reconstruir una historia popular que envuelve las míticas obras del Monasterio de El Escorial. Dicen los viejos relatos que un perro negro no dejaba avanzar las obras por el miedo que levantaba entre los trabajadores. En nuestra sección literaria De leyenda reconstruimos lo que pudo ser esta pesadilla en la cabeza de Felipe II

España, 1567. Felipe II, Rey de Castilla, León, Aragón y las dos Sicilias, firma la Carta de Fundación y Dotación del Monasterio de San Lorenzo El Real. En este documento, el monarca renacentista relata alguno de los motivos de su construcción, la elección del lugar y su encomendación al santo. Lo que la Carta no revela son las extrañas circunstancias que rodearon sus obras y que, como cuenta la leyenda, podrían haber impedido su finalización. Ésta es una conversación que bien pudo ocurrir entre el Rey de España y Bernardo de Fresneda, obispo de Cuenca y confesor del Rey.

Figura de un perro negro

– Majestad, -el obispo entra a las dependencias privadas del Real Alcázar de Madrid, hace una leve genuflexión y se sitúa frente al monarca que de espaldas mira distraído por uno de los ventanales- ¿deseabais verme? He regresado hoy mismo de Segovia, de un encuentro con nuestros hermanos de la archidiócesis.

– Sí, obispo, –Felipe II permanece abstraído y con una mano invita al clérigo a acercarse- ordené llamaros. Hace diez soles que visité las obras de El Real y, desde ese día, ni en la tranquilidad de las noches encuentro consuelo, pues ni duermo, ni como, ni velo por mi reino.

– En verdad Señor, de vuestro semblante se deduce la agonía pues con marcas amoratadas ha querido demacraros el rostro. Sin embargo, no existe encrucijada en este mundo terrenal que con las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo no se resuelva.

– Sí es así, apreciado Bernardo, decidme ¿pudiera ser que a un hombre de bien como yo se le apareciera el Mal?

Perro negro

– Majestad, –el obispo habla pausadamente-, vos a quien llamáis el Mal es adorado con muchos nombres: Lucero, Lucifer, Satanás…es el caos que hace desgraciado al Hombre, que confunde y desvía del camino recto marcado por Dios y que obligará a rendir cuentas ante el Padre el Día del Juicio Final. Como creyentes, podemos sentirlo cada vez que se adueña de nuestra voluntad y siembra la duda en nuestra fe. Majestad, permitidme la pregunta: ¿habéis faltado con algún pecado? Puedo confesaros si así lo requerís.

– Le he visto, a Él. Contestadme a esto, –Felipe II duda y vuelve el rostro- ¿podría mostrarse ante nosotros en forma de animal?

Bernardo de Fresneda parpadea perplejo ante tal cuestión- Se pueden encontrar algunas referencias en la Santa Biblia: el Apocalipsis narra la batalla con un dragón de siete cabezas y cuernos. El demonio es poderoso y, si quisiera, se transfiguraría con cualquier apariencia, siendo ésta de hombre o bestia.

– Mi fiel amigo, hay un perro negro -la voz se quiebra antes de terminar- al que durante uno de mis paseos vespertinos vi rondar por los jardines de El Real. Desde ese día, se me aparece cada noche en terribles sueños –el obispo quiere replicar pero no acierta a pronunciar palabra-. He oído a los sirvientes murmurar que es el mismo que no consiente a los obreros trabajar, pues se mueve trazando círculos alrededor de la entrada principal y se enfrenta a quien le desafía acercándose al lugar.

Obras del Monasterio de El Escorial

– ¿Pudiera ser que alguno de los sabuesos de caza de su majestad haya enfermado de rabia? O puede que se trate de otro animal. El Rey tiene tantas obligaciones que no puede conocer a todos sus sirvientes, sean estos de dos o cuatro patas.

– No, obispo –una pequeña sonrisa se vislumbra en el rostro del monarca-. Es imposible. Como hiciera el propio Herodes, hace tres días decreté matar a todos los cánidos de la región. Me consta, sin embargo, que nuestro maléfico amigo sigue deambulando por allí. Ese animal no es real. Hace días que tengo la certeza de que protege algo valioso y que no se marchará. Los muros deben de ser levantados sin demora para impedir su presencia.

– Felipe, tranquilizaos. Aunque el demonio campe por nuestro mundo, sin duda se trata de un asunto más banal y, ante la falta de sueño, mi señor ha creído lidiar con un problema que en realidad no existe.

Felipe II se vuelve y recupera su pose- ¿Creéis acaso Bernardo que he perdido el juicio? ¿Dudáis de mí? Idos, no deseo veros más.

– Así será –el obispo se aleja sin mirar atrás-.

Las obras del Monasterio de El Escorial continuaron gracias al empeño de Felipe II y hoy podemos disfrutar de su esplendor e imaginar lo que pudo suceder. El final de la leyenda cuenta que, llegado el momento de su paso al otro mundo, en el lugar se oyó ladrar un perro.

`De leyenda´
Por Rosa Alonso

2 Respuestas a “El perro negro del Monasterio de El Escorial

  1. Muy buen artículo, con un aire de suspense e intriga digna de una novela.

  2. Estupendo relato!! entretenido y emocionante!

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