
Algunos lugares serranos han logrado conservar muchas de sus leyendas, gracias a la fuerza de una tradición oral empeñada en no olvidar
De leyenda
Por Rosa Alonso
En Oteruelo, la paz; en Alameda, candelas, y en el pueblo de Rascafría anda la ciencia que vuela
(Refranero español)
Alameda del Valle se encuentra a poco más de 90 km de Madrid, dentro del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama y en pleno Valle Alto del Lozoya. Con 195 habitantes en 2018, según el INE, se trata de un magnífico enclave que ha conseguido mantener diversas leyendas, a pesar del paso del tiempo; esto ha podido lograrse gracias a la tradición oral de sus lugareños y a aquellas personas que todos los años se acercan hasta allí. Este mes, recogeremos una parte de las historias que se atesoran, continuando el relato en una sección posterior.
De Rascafría a Alameda del Valle
Si trazamos una línea recta en el mapa, comprobamos que, a escasa distancia, se encuentran las poblaciones de Rascafría, Oteruelo del Valle y Alameda del Valle. Si ampliamos nuestra visión, podríamos finalizar el camino en Pinilla del Valle. Todos estos lugares forman parte de la gran Mancomunidad del Valle del Lozoya y sus historias, por motivos obvios, se encuentran entrelazas. A continuación, veremos un ejemplo.
El oteruelano recogió la figura y partió de vuelta a su casa, dispuesto a construirle una ermita donde sería honrada
Al igual que sucedió con La Virgen de Navahonda en Robledo de Chavela -narración recogida en De Leyenda en diciembre de 2012-, Santa Ana tuvo la voluntad de permanecer en Alameda del Valle. Cuentan nuestros mayores que un vecino de Oteruelo, de profesión pastor de ovejas, fue visitado por la Virgen y ésta depositó su imagen en un peñón en mitad del arroyo, que después llevaría su nombre, al igual que el monte en el que se encontraban. El oteruelano recogió la figura y partió de vuelta a su casa, dispuesto a construirle una ermita donde sería honrada. Sin embargo, poco tiempo permaneció la Santa en dicho lugar de culto, pues tras descubrirse que había desaparecido, fue hallada por el mismo vecino en la peña del arroyo.
Santa Ana desea ser alamedana
Muy contento, fue a recogerla, pensando que se trataba de alguna pillería, pero la figura se había vuelto muy pesada y no fue capaz de levantarla. Por ello, regresó al lugar con la ayuda de un carro tirado por un buey, pero tampoco logró su objetivo. Cada vez que el animal tiraba en dirección a Oteruelo del Valle, era imposible mover ni un ápice la imagen. Sin embargo, comprobó con asombro que todo lo contrario sucedía si se dirigía hacia Alameda; por ello, lo tomó como una señal de que la Virgen deseaba quedarse allí y se erigió la ermita a escasos metros del arroyo. Santa Ana quería ser alamedana.
Lamentablemente, la situación de la ermita, a 3 km del pueblo, supuso que a finales de la Guerra Civil se perdiera la talla, datada en el siglo XIII, durante algunos años. Una vez recuperada y por seguridad, la imagen fue trasladada a la Iglesia Parroquial de Santa Marina Virgen y Mártir, sita en Alameda del Valle y donde se le dedicó una capilla. Cada 26 de julio, día en el que la tradición cristiana conmemora a San Joaquín y Santa Ana, la talla es llevada en andas por las mujeres alamedanas a la ermita donde se le vuelve a rendir culto, para regresar poco después.
La imagen fue trasladada a la Iglesia Parroquial de Santa Marina Virgen y Mártir, en Alameda del Valle
Hasta aquí, la primera parte del recorrido por las leyendas de Alameda del Valle que continuará en una próxima sección. Mientras tanto, invitamos a todos los lectores a visitar Alameda del Valle y sus alrededores.












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