Dehesa de la Golondrina, modelo de ecosistema agroforestal en la Sierra de Guadarrama


En las inmediaciones de casi todas las poblaciones de la Sierra aparecen las dehesas, bosques originales formados principalmente por encinas y robles que salpican zonas de pastizal

En ruta
Por José Ángel Macho Barragués. Ingeniero agrónomo
La Dehesa de la Golondrina se encuentra ubicada en la localidad serrana de Navacerrada y es un claro ejemplo de este tipo de ecosistema muy abundante en toda la península ibérica. Estos espacios naturales tienen una gran importancia social y económica al estar asociados a zonas rurales sin excesivos recursos y se forman principalmente por la actividad humana.

Su creación se basa en la instauración de zonas de pastizal en un entorno inicialmente de carácter boscoso de fácil acceso y que se suele situar a las afueras de un núcleo poblacional esencialmente ganadero. Las dehesas han tenido una conexión histórica con el hombre y los animales desde siempre, esta unión ha permitido su aprovechamiento y explotación tradicional de una forma racional y respetuosa con el medio ambiente.

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Dehesa de la Golondrina. (Foto: José Ángel Macho Barragués).

Una vez convertida en un sistema agroforestal, aparte de ser explotada como superficie para la alimentación y el descanso del ganado, son múltiples los recursos que ofrece y otros usos que se le puede dar: la leña procedente de la tala de los árboles con el fin de mejorar su sanidad y estimular la producción de frutos en forma de bellota ha sido utilizada históricamente como combustible directamente o como material para la fábrica artesanal de carbón natural. Por otro lado, las bellotas de robles y encinas, ambos del género Quercus, sirven para alimentar al ganado que pasta en las zonas abiertas de pradera que ofrece la propia dehesa.

Una vez convertida en un sistema agroforestal, son múltiples los usos que se le puede dar a la dehesa

Otros aprovechamientos habituales son la apicultura (actividad imprescindible para cualquier ecosistema) y la micología, no obstante, la Dehesa de la Golondrina es un lugar de peregrinación muy habitual para los amantes de las setas durante los otoños lluviosos.

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Vista de Cercedilla desde el Cerro de las Ruedas. (Foto: José Ángel Macho Barragués).

Flora y geología
El árbol predominante en esta dehesa es el roble melojo. Se trata de una especie muy rústica, muy abundante en toda la parte noroeste de la Comunidad de Madrid y que destaca por sus hojas marcescentes, cuya caída durante el invierno se retrasa en el tiempo dándole una mayor protección a los árboles. Este robledal se encuentra en constante regeneración y propagación tanto a partir de la propia raíz, dando lugar a los ‘chirpiales’ o de las semillas en forma de ‘brinzales’.

En cuanto a la geología, el granito es la roca que domina el paisaje de este monte bajo, una roca ígnea con gran contenido de cuarcita muy abundante en toda la Sierra de Guadarrama.

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Acceso peatonal a la Dehesa de la Golondrina. (Foto: José Ángel Macho Barragués).

La ruta
Las subidas a los dos cerros que coronan esta dehesa ofrecen unas maravillosas vistas desde su parte noreste (Cerro de la Golondrina) del pico de La Maliciosa y el valle de la Barranca, y de la parte más occidental de la Sierra de Guadarrama en su parte suroeste (Cerro de las Ruedas). Las laderas de estos dos cerros son moldeadas por distintos arroyos, entre los que destaca por sus dimensiones el Jarahonda.

Los dos cerros que coronan la Dehesa de la Golondrina ofrecen unas maravillosas vistas de la Sierra

Este paisaje asombroso resulta más atractivo según nos vamos adentrando en él debido a las numerosas fuentes que encontramos en forma de abrevadero, algunas de ellas de granito con diseños adaptados que incorporan rampas de acceso para convertirse durante el invierno en un lugar perfecto para la puesta de diferentes especies de anfibios como gallipatos y salamandras. Estas fuentes reciben nombres como de los Cabreros o de los Rasos. Además, en este espacio natural destaca la presencia de diferentes especies de aves paseriformes o pájaros cantores, como los rabilargos, los petirrojos o el chochín.

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Uno de los abrevadores que podemos encontrar en la Dehesa de la Golondrina. (Foto: José Ángel Macho Barragués).

El recorrido propuesto consiste en un paseo perfecto para realizar con la familia o amigos en tono distendido y poder disfrutar de la naturaleza sin necesidad de realizar un gran esfuerzo físico. Si queremos ascender a los dos cerros que coronan la Dehesa de la Golondrina, se recorrerán unos 10 km y se puede tardar en torno a dos horas y media. Al finalizar la ruta se podrá contemplar la espléndida ermita de San Antonio, situada junto al aparcamiento de la entrada, así como visitar la localidad serrana de Navacerrada.

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