
Uno de los nidos de herrerillos estudiado. (Foto: José Luis Ros Santaella).
La coloración amarilla de las boqueras se vuelve menos intensa cuando disminuye la competencia en el nido
Redacción/. La competencia entre hermanos dentro de un nido es la primera prueba de supervivencia que pasan aves como los herrerillos, que ponen varios huevos cada vez que crían. Cuando los progenitores llevan comida al nido, los polluelos compiten con sus hermanos para recibir la porción de alimento. El color de las llamativas boqueras que exhiben los pollos es una herramienta comunicativa que utilizan las crías de los herrerillos, entre otras especies, para atraer la atención y conseguir más comida.
Un estudio, publicado en la revista Animal Behaviour, acaba de demostrar que la tonalidad de las boqueras es flexible y que la inversión fisiológica que los polluelos hacen en esta señal depende de la competencia dentro del nido. La investigación, para la que han trabajado con una población silvestre de herrerillos de Sierra Nevada, ha sido desarrollada por investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), la Universidad de Granada (UGR) y el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC-CSIC, UCLM, JCCM).
Una forma compleja de comunicarse
El trabajo demuestra la complejidad en la comunicación entre padres e hijos, ya que el número de hermanos influye en la distribución de recursos como los carotenoides y en cómo evolucionan las estrategias de comunicación dentro de la familia. Según explica el investigador de la Universidad de Granada, Gregorio Moreno-Rueda: “La coloración de las boqueras funciona como una señal flexible que los polluelos ajustan según el balance entre el coste y el beneficio que tiene ser el que más llama la atención de sus padres. Cuando la competencia disminuye y el alimento es relativamente abundante, los pollos reducen la inversión en la señal visual y destinan los carotenoides a otras funciones fisiológicas”.
Además de conocer cómo evolucionan las señales biológicas, la investigación también ayuda a entender cómo factores ecológicos como la disponibilidad de alimento o las alteraciones del hábitat pueden afectar a las dinámicas familiares de las aves y, en última instancia, a su éxito reproductor.
















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