
Con sus ojos azules y plumaje oscuro, el cormorán grande migra cada invierno a los embalses y humedales, dejando huella en la cultura y la naturaleza
Especiario
Por Hugo Díez, geógrafo, ambientólogo y divulgador ambiental
El cormorán grande (Phalacrocorax carbo), una de las aves acuáticas más emblemáticas de Europa, ha experimentado un notable crecimiento poblacional en las últimas décadas. En España, su presencia ha pasado de ser principalmente invernante a establecer colonias reproductoras, incluso en zonas del interior como la Comunidad de Madrid y la Sierra de Guadarrama (Molina, 2013), donde los embalses y humedales han facilitado su establecimiento.
Este fenómeno se ha visto favorecido por la creación de nuevos hábitats acuáticos, como embalses y humedales artificiales, y por la disponibilidad de alimento en estas zonas (Marion & Le Gentil, 2006). Su expansión hacia el interior es un ejemplo de cómo las aves pueden adaptarse a los cambios en el paisaje, lo que convierte al cormorán grande en un tema de interés tanto científico como conservacionista.
Además de su relevancia ecológica, el cormorán grande ha tenido una importante trascendencia cultural a lo largo de la historia. En algunas culturas, como la china y la japonesa, ha sido utilizado tradicionalmente para la pesca, una práctica en la que estas aves capturan peces para los pescadores. En Europa, su presencia ha inspirado mitos y leyendas, siendo considerado un símbolo de inteligencia y adaptabilidad. Hoy, su figura sigue siendo un referente en la cultura popular y un indicador de la salud de los ecosistemas acuáticos.

Cormorán grande. (Foto: Charles J. Sharp).
Descripción de la especie:
El cormorán grande es un ave de gran tamaño, con una longitud de 80-100 cm y una envergadura de 130-160 cm. Su plumaje negro, con reflejos metálicos y manchas blancas en las mejillas, lo hace inconfundible. Aunque tradicionalmente se asociaba a zonas costeras, en las últimas décadas ha colonizado humedales interiores, como embalses y ríos, gracias a la creación de nuevos hábitats y la disponibilidad de alimento.
«El cormorán grande es un ave de gran tamaño, con una longitud de 80-100 cm y una envergadura de 130-160 cm»
En la Comunidad de Madrid, el cormorán grande se ha convertido en un visitante habitual durante el invierno, aunque también se han registrado intentos de reproducción en embalses como el de Santillana y Valmayor. En la Sierra de Guadarrama, su presencia es más esporádica, pero no por ello menos significativa, ya que suele avistarse en zonas como el embalse de Navacerrada y el río Manzanares. Según Del Moral (2004), esta expansión hacia el interior es un fenómeno relativamente reciente, asociado a la adaptabilidad de la especie y a la mejora de las condiciones de los hábitats acuáticos.
Hábitat
La Comunidad de Madrid no es una de las regiones con mayor población de cormorán grande en España, pero su papel como zona de invernada y paso migratorio es relevante. Según los últimos censos de SEO/BirdLife, la población invernante en la región ronda los 500-700 ejemplares, concentrados principalmente en los grandes embalses de la zona sur, como San Juan y Valmayor.
En la Sierra de Guadarrama, la especie se encuentra en menor número, pero su presencia es un indicador de la calidad de los ecosistemas acuáticos de la zona. Los cormoranes utilizan estos humedales de montaña como áreas de descanso y alimentación durante sus migraciones, aprovechando la abundancia de peces en aguas tranquilas. Según Marzano et al. (2013), los embalses y ríos de montaña, como los de la Sierra de Guadarrama, son hábitats clave para la especie durante sus migraciones, ya que proporcionan refugio y recursos alimenticios en un entorno relativamente seguro.

Con frecuencia usan las construcciones en el agua como posaderos y atalayas de pesca. (Foto: Charles J. Sharp).
Alimentación
El cormorán grande es un depredador piscívoro especializado. En los embalses madrileños, se alimenta principalmente de carpas, barbos y percas, especies introducidas que han proliferado en estos hábitats. Su técnica de caza, que combina el buceo y la persecución submarina, lo convierte en un eficaz depredador.
«El cormorán grande es un depredador piscívoro especializado»
Según Lekuona y Campos (1997), el cormorán grande ha desarrollado estrategias de alimentación que varían según las condiciones del hábitat. En el río Ebro, por ejemplo, se ha observado que los cormoranes pueden alimentarse tanto de forma individual como en grupo, siendo esta última estrategia más eficaz en términos de éxito de captura y biomasa ingerida. La pesca en grupo, caracterizada por inmersiones sincronizadas, permite a los cormoranes capturar presas más grandes y en mayor cantidad, lo que resulta en una mayor eficiencia alimenticia.
Además, Lekuona (2007) destaca que la dieta del cormorán grande puede variar significativamente en función de la disponibilidad de presas, especialmente en hábitats donde se han introducido especies de peces alóctonas. En la Comunidad de Madrid, su alimentación se basa principalmente en especies introducidas, lo que podría tener un impacto positivo en el control de estas poblaciones. Klimaszyk y Rzymski (2016) también resaltan que el cormorán grande es un depredador altamente adaptable, capaz de explotar una amplia gama de especies de peces, lo que le permite prosperar en diversos ecosistemas acuáticos. Su dieta refleja la disponibilidad estacional de presas, lo que le convierte en un indicador de la salud de los ecosistemas acuáticos.
Estado de conservación y amenazas
El cormorán grande está catalogado como de ‘Preocupación Menor’ por la UICN, aunque en España fue incluido en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas como ‘De Interés Especial’ hasta su descatalogación en 2004. Actualmente, está protegido por la Directiva de Aves de la Unión Europea, lo que ha contribuido a su recuperación tras décadas de persecución y declive poblacional.

Cormorán tragando una anguila. (Foto: Tim Evanson).
A pesar de su estado de conservación favorable, el cormorán grande enfrenta varias amenazas en la Comunidad de Madrid y la Sierra de Guadarrama. La pérdida de hábitat debido a la urbanización y la contaminación de los ríos y embalses son los principales riesgos para esta especie. Además, la caza furtiva y las molestias en las zonas de cría durante el periodo de nidificación pueden afectar negativamente a sus poblaciones.
«La pérdida de hábitat y la contaminación de los ríos y embalses son los principales riesgos para esta especie»
Según Del Moral y De Souza (2004), la población invernante en Madrid ha mostrado una tendencia estable en las últimas décadas, con un ligero aumento en el número de dormideros. Sin embargo, es fundamental continuar con los censos periódicos y promover una gestión sostenible de los recursos pesqueros para garantizar la conservación de esta especie. Además, Marion & Le Gentil (2006) sugieren que la protección de los hábitats clave y la mitigación de los conflictos con las actividades humanas son esenciales para asegurar el futuro del cormorán grande en la región.
















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