Las especies invasoras ya suponen la mayoría de la fauna piscícola de los ríos madrileños

Bermejuela. (Foto: David Pérez).

El 45% de las especies de peces en la región son alóctonas, una situación que está desplazando a los ejemplares nativos, degradando la salud de las aguas madrileñas

Redacción/. Para el ciudadano de a pie, un río puede parecer sano si ve peces, pero la realidad es que la Comunidad de Madrid sufre una profunda contaminación biológica. Especies como el alburno, el percasol, la carpa, el black-bass o el pez gato han colonizado tramos enteros. Esta invasión no es casual, se ve favorecida por la alteración humana de los ríos.

La presencia de estos peces ajenos a los ríos madrileños causa daños profundos y, a menudo, irreversibles. Las especies invasoras ejercen una fuerte competencia por el alimento y el refugio, expulsando a endemismos ibéricos como la bermejuela o el calandino. Pero el impacto es especialmente importante, causando la alteración del ecosistema, enfermedades y parásitos e hibridación.

Es por ello que la Plataforma Ecologista Madrileña exige a la Consejería de Medio Ambiente, al Canal de Isabel II y a la Confederación Hidrográfica del Tajo que colaboren en planes de erradicación de las especies exóticas invasoras (EEI) en los ríos madrileños mediante la restauración de los hábitats fluviales; que se dejen de liberar EEI a los ríos (caso de la Consejería de Medio Ambiente); que se lleven a cabo campañas de información; que se eliminen las barreras abandonadas que mantienen ‘enjaulados’ a algunos ríos (caso del río Tajuña), que restauren las riberas y otras medidas que se recogen en el en el informe realizado por esta Plataforma.

Para los ecologistas, la Comunidad de Madrid «practica una opacidad persistente desde hace años, impidiendo el acceso a los informes» 

Para la organización conservacionista, la Comunidad de Madrid «practica una opacidad persistente desde hace años, impidiendo el acceso a los informes originales de los muestreos e inventarios que se realizan,» si bien la mayoría se limitan a conocer el estado de conservación de los hábitats y las poblaciones presentes en los tramos y acotados de trucha, en los que también hay una importante presencia de EEI. Este ocultamiento de los datos originales es «una grosera vulneración de las leyes de transparencia, que incluso se hace desafiando al Defensor del Pueblo» informa la Plataforma.

 

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