El trompeteo de las elegantes grullas


En este momento del año es habitual ver en el cielo cientos de bandadas de aves migratorias, como las grullas, camino de sus refugios invernales 

Opinión de El Guadarramista
Por Jonathan Gil Muñoz (Director)
En esta época del año, algo maravilloso está ocurriendo sobre nuestras cabezas sin que muchas veces nos demos cuenta. Pues allí arriba, está teniendo lugar una aventura que se repite desde que el mundo es mundo tal y como lo conoce nuestra especie. Se trata del épico viaje anual que nuestras aves migratorias emprenden todas los años desde el norte de Europa hacia el sur del continente, e incluso África, en busca de un clima y un lugar donde pasar el invierno.

Grulla. Foto: Andreas Eichler.

En estos días de noviembre, es habitual encontrase en el cielo con bandadas de grullas. Un ave que es fácil distinguir en vuelo dadas sus dimensiones, ya que pueden llegar a superar el metro de longitud y los 2 m de envergadura. El macho de esta majestuosa y elegante ave, se caracteriza por tener la cabeza negra, con una zona roja y una franja blanca que va desde la parte trasera del ojo, hasta la parte posterior del cuello, que es negro por delante y blanco por detrás.

“En estos días de noviembre, es habitual encontrase en el cielo con bandadas de grullas

Las grullas son capaces de volar a 400 metros de altitud y de recorrer hasta 3.000 km desde sus cuarteles de primavera-verano hasta sus refugios invernales. En este sentido, uno de los lugares predilectos de las grullas europeas donde pasar el inverno es Extremadura, de hecho es el destino preferido de esta ave migratoria en nuestro continente, atraídas sin duda, por las enormes extensiones de dehesas donde encuentran uno de sus alimentos preferidos: las bellotas.

El caso es que cuando pasan por encima de nuestros pueblos y ciudades lo hacen formando uves, una formación que les permite, como a otras aves migratorias, ser más eficientes en vuelo, de hecho el alcance de la bandada aumenta un 71% con respecto al vuelo en solitario de una grulla. El funcionamiento de esta formación es el siguiente: cuando la grulla líder de la bandada se cansa de ocupar el pico de la uve, donde se tiene que hacer un mayor esfuerzo, pasa al final de la formación mientras otra ocupa su puesto.

Grulla buscando alimento. Foto: Andreas Eichler.

Además, las grullas que van detrás animan a las que marchan delante mediante graznidos con el objetivo de que mantengan la velocidad del grupo. En este sentido, las grullas, que forman parejas para toda la vida, son aves gregarias, es decir, viven en grupos que pueden llegar a estar formados por varios cientos de ejemplares, creándose lazos muy estrechos entre ellos. Por poner un ejemplo, las grullas cansadas, heridas o enfermas son protegidas por otras que las acompañan hasta que puedan volver a integrarse en la bandada.

“Cuando pasan por encima de nuestros pueblos y ciudades lo hacen formando uves, una formación que les permite ser más eficientes en vuelo”

Basten estas pocas notas para que el oyente sienta curiosidad por esta preciosa e inteligente ave que todos los inviernos nos visita puntualmente. Es una pena que el ruido de la ciudad y nuestro modo de vida estresante nos impidan escuchar con claridad y con la atención debida el particular trompeteo de la grulla. Pero están ahí, fieles a su ciclo vital, haciendo frente a un sinfín de amenazas con una entereza envidiable.

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