‘La Voluntad’ de Azorín y la Sierra de Guadarrama


Hace más de cien años la novela española cambió drásticamente. Hoy veremos uno de los protagonistas de este cambio: Azorín 

Milenaria
Por Jaime Sanz Burdiel
En 1902 se publican una serie de novelas que marcarán una ruptura en la historia de la literatura española por parte de los siguientes autores: Miguel de Unamuno, Valle Inclán, Pío Baroja y José Martínez Ruiz, más conocido por su seudónimo: Azorín.

Portada de una edición de La Voluntad.

Valle Inclán publica su Sonata de Otoño. Pío Baroja hace lo mismo con Camino de perfección, novela de la que ya hemos hablado en esta sección. Miguel de Unamuno publica Amor y pedagogía; además del ensayo En torno al casticismo, donde recopila cinco ensayos que pretenden justificar la necesidad de una regeneración en España a través de la historia, la cultura y los pueblos.

Estas novelas suponen una gran ruptura en el camino de la novela. Atrás queda la novela decimonónica realista y naturalista capitaneada por autores como Galdós y Pardo Bazán. Surge una nueva novela, una nueva generación de jóvenes escritores, anarquistas en su mayoría, revolucionarios, influenciados por la filosofía existencialista, por autores como Nietzche, Schopenhauer o Maeterlinck. Sus protagonistas vagan, caminan errantes por ciudades como Madrid o Toledo o por los campos castizos y áridos de la profunda Castilla. Es la búsqueda, es el existencialismo vital.

Por su parte, el protagonista de hoy, ya conocido en esta sección, publica La Voluntad:

La inteligencia es el mal, comprender es entristecerse. Observar es sentirse vivir. Y sentirse vivir es la muerte, es sentir la inexorable marcha de todo nuestro ser y de las cosas que nos rodean hacia el océano misterioso de la nada.”

En estas líneas se puede entrever, no sólo el carácter filosófico existencialista que reina en la novela de Azorín, sino también el que impera, aunque quizá de un modo no tan severo, en las novelas de sus compañeros.

Peñalara nevada. Pintura de Alessandro Taiana.

A continuación, podemos observar la presencia del paisaje e importancia su la novela, con el Guadarrama como telón de fondo. El paisaje como elemento descriptivo, evocador y desolador al mismo tiempo.

“A la derecha, aparecen los grandes cortados y socaves amarillentos de los tejares, y acá y allá, los manchones rojos de las pilas de ladrillos; más lejos, cerrando el panorama, la inmensa mole del Guadarrama, con las cúspides blancas de nieve, con aristas y resaltos de azul negruzco…”

Fotografía de Azorín.

“El humo denso de una enhiesta chimenea se va desparramando lentamente. Madrid se pierde en lontananza, en una inmensa marcha gris, esmaltada por las manchitas blancas de las fachadas, erizadas de torres, cúpulas cenicientas, chimeneas, rasgada por la larga pincelada negra del Retiro. Y detrás, casi imperceptible, el tenue telón, semi-azul, semi-blanco, del Guadarrama nevado. Comienza la desolada llanura manchega.”

Hace más de cien años escribió: “Madrid se pierde en lontananza, en una inmensa marcha gris“, ahora Madrid se ha convertido en una mancha gris. Intentemos evitar lo mismo en la Sierra para que reinen lo máximo posible “las cúspides blancas de nieve“.

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