La quitridiomicosis: enemiga de la metamorfosis de los anfibios

Ejemplar de salamandra.
Los altos niveles de coticosterona aumentan la resistencia de las larvas ante la quitriomicosis pero afectan negativamente en el proceso de metamorfosis

M. San Felipe/. El equipo de SOS Anfibios Guadarrama ha publicado recientemente una investigación que demuestra una vez más, según señalan, las importantes consecuencias que supone la quitridiomicosis durante la metamorfosis de los anfibios, una de las etapas más importantes de su ciclo vital. El estudio también esclarece que esta infección afecta de diferente manera a las distintas especies, por lo que este colectivo considera que un estudio individualizado para cada una de ellas “resulta crucial para desarrollar metodologías para combatir la enfermedad”, señalan.

Sapo partero.

La investigación se ha llevado a cabo poniendo en contacto larvas infectadas de hongo quitridio Batrachochytrium dendrobatidis de dos especies  de anfibios con diferentes niveles de susceptibilidad, con larvas invernantes de salamandra común procedentes del Macizo de Peñalara, especie reservorio de la enferemedad.

Esta infección lleva a una condición estresante a los animales, alterando la corticosterona, principal hormona reguladora del estrés de los anfibios y considerada un indicador fiable de su estado fisiológico. En el presente trabajo, los científicos comparan los niveles de corticosterona en animales infectados y no infectados por este hongo.

El estudio también esclarece que esta infección afecta de diferente manera a las distintas especies

Las dos especies estudiadas, Bombina variegata e Hyla arbórea, ambas procedentes de Rumanía, presentaron elevaron sus concentraciones de corticosterona al infectarse, pero la B. Variegata fue la más perjudicada de las dos, resultando la H. Arbórea menos susceptible a la quitriomicosis al contener mayores niveles de la hormona. Sin embargo fue la B. Variegata quien consiguió que un mayor número de ejemplares infectados se metarmofosearan, un resultado que lleva a que los investigadores crean que los altos niveles de corticosterona pueden resistir a la infección pero también a comprometer el desarrollo larvario.

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