María Manzanares, la bruja de Miraflores

En Miraflores de la Sierra, a mediados del siglo XVII, una bruja atemorizaba a los vecinos del lugar, pues hacía el bien o el mal, según su voluntad

`De leyenda´
Por Rosa Alonso

Existen documentos de la época que refieren la existencia de María de Manzanares, vecina de Miraflores de la Sierra, a la que en 1644 se acusó de practicar brujería y fue llevada a juicio por la Santa Inquisición. La buena María fue inculpada de `malas artes´ por hasta 28 vecinos, de los cuales se tomó fiel declaración.

Entre los cargos que se le imputaron se encontraban los de correr desnuda por los diferentes campos de la Sierra de Guadarrama al anochecer –acción atribuida a intentar invocar a Satanás-, la elaboración de ungüentos para provocar diversos males y enfermedades -preparados con ingredientes horripilantes como polvo de cementerio, trozos de ombligo de niño o colmillos de víbora, entre otros- o el de provocar la `muerte accidental´ o incitar al suicidio de quien se encaraba con ella.

Por todos estos cargos fue condenada al exilio, aunque la pena se fue reduciendo con el paso de los meses: en 1645 tuvo que abandonar el arzobispado de Toledo; después, sólo debía mantenerse a una distancia de 10 leguas de Miraflores y Madrid y, finalmente, en 1645, se le instó a permanecer a 5 leguas de su pueblo, Toledo y Madrid, por un tiempo no inferior a 3 años.

Los vecinos de la zona creen que sus oscuros conocimientos le llevaron a poder regresar antes de tiempo a Miraflores, aunque no existe testimonio sobre la vuelta de María al pueblo, ni nada que demuestre su final.

Isabel de la Maza y Ana de Nieva, sus discípulas

Aunque fue acusada de bruja, no sin razón, María no era una hechicera solitaria, ya que formó su propio aquelarre con dos vecinas de Manzanares el Real: Isabel de la Maza y Ana de Nieva. Isabel confesaría en su propio juicio inquisitorial haber aprendido todas las artes de María, unos 17 años antes de la fecha del mismo.

Ana de Nieva, por su parte, relató como testigo presencial los días en los que compartía andanzas con María e Isabel y se marchaban juntas a unas bodegas cercanas a Torrelaguna, donde bebían hasta desfallecer, bailaban desnudas y orinaban al salir del lugar para bendecirlo.

Este testimonio, le sirvió para incrementar la pena de Isabel de la Maza, ya que, las acusaciones de 13 de sus vecinos sumadas a esta confesión como compinche de María, la llevaron a la cárcel y perdió todos sus bienes, que fueron embargados. Nadie dice que la fidelidad entre las brujas sea real.

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