Javier Rego desafía los límites de la fotografía urbana con su exposición ‘Antagonía’ en el Botánico

Detalle de la obra ‘Éxodo’. (Foto: ©Javier Rego).

A través de la técnica del mosaico fotográfico, el artista reflexiona sobre el crecimiento urbanístico desmedido y la asfixia del suelo natural frente al asfalto

Redacción/. El artista visual Javier Rego presenta en la sala Mª Teresa Telleria del Real Jardín Botánico-CSIC su proyecto expositivo Antagonía, una contundente propuesta que utiliza la fragmentación de la imagen para articular una dialéctica crítica entre la arquitectura artificial y el entorno orgánico. A través de una cuidada técnica que redefine el collage, la muestra funciona como una denuncia estética sobre el progresivo desplazamiento de la naturaleza en el diseño de las ciudades del siglo XXI.

El núcleo conceptual de Antagonía radica en el conflicto provocado por el crecimiento de las urbes, señalando de manera directa cómo el pavimento termina por asfixiar y sellar la tierra fértil. Sin embargo, lejos de presentar una narrativa lineal o una unidad temática convencional, Rego confía el protagonismo a la contraposición estructural de las formas. Su obra lanza una advertencia sobre las consecuencias humanas de este distanciamiento ecológico, planteando una reivindicación poética para que el pulso natural recupere su lugar esencial en el entorno cotidiano.

Inquietud por la creciente asfixia de las ciudades
Javier Rego concibe su exposición como «un viaje y una advertencia directa sobre el conflicto continuo entre la construcción humana artificial y el entorno natural«. El artista señala su profunda «inquietud por la creciente asfixia que sufren las ciudades debido al uso masivo del asfalto y el pavimento, elementos que impiden que la tierra respire y anulan los ciclos de la vida».

Rego recurre a ejemplos visuales muy claros para ilustrar esta tensión: evoca el simbolismo de la película Soy leyenda para recordar cómo la naturaleza reclama con fuerza su terreno cuando cesa la actividad humana, así como los templos de Camboya, cuyas raíces abrazan y devoran las estructuras de piedra como un grito desesperado de la tierra por recuperar su espacio legítimo.

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