
Un agente forestal revisa la documentación de un cazador.
La formación ha dirigido una misiva a los gobiernos autonómicos conminándoles a prohibir la caza para recuperar las poblaciones de herbívoros
Redacción/. Mientras que, en las últimas semanas, muchas voces han achacado la acumulación de vegetación a la desaparición de la ganadería extensiva, el Partido Animalista PACMA defiende que la ganadería, junto a la caza, son parte del problema.
Tal y como señala PACMA, el peor incendio de la historia lo han provocado, precisamente, unos trabajos relacionados con la ganadería extensiva, concretamente los contratados por la Asociación de Ganaderos de Burgohondo para abrir un nuevo camino para el ganado junto a la cresta de la sierra de Gredos y que fueron el origen del incendio que ha arrasado más de 50.000 hectáreas.
Por otra parte, la formación política defiende que la falta de animales pastando de manera natural en los montes tiene una solución: prohibir la caza. «Mientras que cada vez más ayuntamientos están introduciendo animales en sus entornos, como cabras o incluso bisontes para que realicen esa función a modo de prevención de incendios, las CC. AA. no solo están permitiendo, sino que están fomentando que se mate por deporte a millones de herbívoros silvestres, como el ciervo, el gamo, el corzo o la cabra montesa, que cumplirían con esta función de manera natural, al ser grandes consumidores de hierba, matorrales y maleza», señalan.
Para PACMA la falta de animales pastando de manera natural en los montes tiene una solución: prohibir la caza
El grupo animalista argumenta que la caza, además, es otro de los motivos por los que se provocan incendios, por lo que prohibiéndola no solo se recuperarían las poblaciones de herbívoros que evitarían la propagación de los incendios, sino que se evitarían los relacionados directamente con esta actividad.
Desde PACMA señalan que un estudio del CSIC concluyó que los espacios protegidos, donde está prohibida la actividad cinegética, como son los parques nacionales, experimentan menos incendios forestales que sus zonas periféricas. «La caza esquilma las poblaciones de herbívoros, condiciona su distribución e impide que desarrollen plenamente sus funciones ecológicas. Entre ellas, la reducción de la vegetación combustible. La naturaleza tiene sus propios mecanismos de regulación y defensa. Es la intervención humana la que los altera y provoca los desequilibrios», concluyen.










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