Entendiendo a los pirómanos

Incendio forestal.

¿Qué se les pasa por la cabeza a los pirómanos para hacer arder miles de hectáreas de bosques?

Piensamientos
Por Javier Flores, columnista ambiental
Amo la naturaleza. Disfruto mucho paseando por la montaña al aire libre fijándome en insectos, rocas, pájaros… Cada excursión que realizo, cada ruta que hago, descubro un sinfín de cosas que me han llegado a emocionar. Y entiendo que haya gente que no le guste disfrutar de todo ello. Pero lo que nunca he llegado a entender es lo que les ocurre a aquellos que quieren destruirlo.

Al igual que mucha otra gente (entre la que probablemente te encuentres) nunca he entendido la piromanía. Enfermos, desequilibrados, locos… suelen ser los adjetivos que me vienen a la mente cuando pienso en aquellos que disfrutan viendo arder aquello que yo aprecio. Pero, ¿qué dicen los psicólogos y psiquiatras sobre este tipo de personas? ¿Realmente no pueden refrenar sus impulsos destructores? ¿Existe algún tipo de rehabilitación para ellos?

Para conocer más a fondo la psicología de los pirómanos he estado leyendo varios estudios científicos al respecto y me he llevado alguna sorpresa. La primera es que, como comentaba la especialista de la Universidad de Gent, Theresa Gannon al programa de la BBC Health Check, «por lo general, cuando hablábamos con incendiarios, tendían a mencionar acontecimientos específicos que sucedieron en la niñez». Es decir, la educación durante su desarrollo era vital en el desarrollo de su problema con el fuego.

«¿Qué dicen los psicólogos y psiquiatras sobre estas personas?»

Por otra parte, los psiquiatras tienen claro que los pirómanos clínicamente diagnosticados no buscan una motivación económica. No existe un elemento racional que explique su comportamiento. Simplemente tienen una pulsión interna que les lleva a provocar un incendio y disfrutar viendo cómo arde todo a su paso sin pensar en las consecuencias.

Por si fuera poco, como apunta el Catedrático de Psicología en la Universidad de Barcelona Antonio Andres-Pueyo, «la mayoría de los incendiarios que ingresan en el sistema penal con elementos propios de la enfermedad mental suelen presentar otros cuadros psiquiátricos (psicosis, trastornos de personalidad, discapacidad intelectual)» lo cual complica la diagnosis individualizada.

Helicóptero en tareas de exintición de un incendio.

En cualquier caso, en un estudio realizado en Chile por el propio Andres-Pueyo junto con su colega Valdivia, los investigadores confirmaron la «presencia de factores de riesgo, en incendiarios condenados, como el inicio temprano en la delincuencia, el consumo de alcohol/drogas, la versatilidad criminal y carreras delictivas prolongadas que multiplican el riesgo de reincidencia». La conclusión científica es que resulta importante «diferenciar entre la piromanía como trastorno mental específico y el incendio como conducta vinculada a un trastorno mental, a una personalidad antisocial o al consumo de sustancias», explica el propio científico en un artículo publicado en el Institut de Psicologia Forense.

Siempre que se produce un fuego en el monte sale a la palestra el problema de los pirómanos. Sin embargo, es importante saber que según los datos que manejan los especialistas, menos del 5% de los incendios los provocan este tipo de personas.  O lo que es lo mismo, en la lucha contra los incendios debemos tener en cuenta otros muchos factores que suelen tener consecuencias similares.

Además, como apuntan diversas asociaciones ecologistas de la talla de Greenpeace o WWF, existen otros factores que agravan el problema del fuego cada verano. El cambio climático y el abandono rural crean bosques más secos y, por tanto, hacen que el fuego se propague con más rapidez y virulencia.

«Contra los incendios debemos tener en cuenta otros factores que suelen tener consecuencias similares»

Más allá de los pirómanos, la mayoría de incendios se producen por descuidos y accidentes. Y ahí sí podemos poner nuestro granito de arena. Asegurarse de que la barbacoa queda bien apagada, no tirar colillas encendidas o recoger los vidrios que veamos en el campo son solo algunos ejemplos de buenas conductas. Y no hace falta ser un héroe, simplemente aplicar algo de sentido común.

Lo que está claro es que evitar los incendios está en manos de todos. Arrimemos el hombro para conservar los tesoros naturales que tenemos a nuestro alrededor.

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