El uso del territorio, una mayor urbanización y el cambio climático incrementa la peligrosidad de los sedimentos arrastrados que causan daños en las inundaciones
Redacción/. El Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC) ha investigado la peligrosidad que la erosión, el transporte y la sedimentación de tierra (arcilla, limo, arena y grava) generan durante avenidas e inundaciones, que son cada vez más frecuentes debido al incremento de DANAs (acrónimo de Depresión Aislada en Niveles Altos) en un contexto de cambio climático.
Un equipo del Departamento de Riesgos Geológicos y Cambio Climático del IGME-CSIC, en colaboración con otras instituciones, ha analizado más de un centenar de trabajos científicos y técnicos, concluyendo que es necesario trasladar de forma más explícita el factor del transporte de los sedimentos a las cartografías de peligrosidad por inundación fluvial, algo a lo que pueden ayudar las nuevas herramientas de modelización que se han desarrollado en la última década.
Su trabajo, publicado recientemente en la revista Geomorphology, considera fundamental incorporar también la carga sólida de materiales que arrastran las corrientes, dado que en numerosas ocasiones los daños en bienes, infraestructuras, edificaciones, y por supuesto los daños personales, se deben, no tanto a la profundidad o al tiempo de sumersión en el agua, sino al impacto de elementos en flotación (madera y restos vegetales, vehículos, contenedores, mobiliario urbano, etc.) y a los que van en suspensión o arrastrándose por el lecho (arcillas, limos, arenas, gravas, cantos y bloques), que generan grandes masas de barro y que, señalan, proceden de sedimentos naturales.
Esta investigación, financiada por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, y el Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico, sugiere que los cauces de montaña son más sensibles a estos transportes repentinos de barro, si bien los impactos se dan en todo el país.








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