Alas sobre el Guadarrama (III)

Tropas sublevadas embarcando en aviones rumbo a la Península.
El paso del tiempo certifica una crisis de Estado motivada por varios factores convergentes que desataron el enfrentamiento civil de 1936

El Baúl
Por Jesús Vázquez Ortega
Superada la intentona golpista, el fraccionamiento social aumenta, los poderes fácticos manifiestan su descontento y el Ejército vive una época de descomposición originada por las diferencias políticas existentes entre sus miembros.

Manue Azaña.

Manue Azaña.

La administración Azaña durante sus dos mandatos (oct.1931/sep.1933-may.1936/feb.1939) había llevado a cabo profundas reformas en el estamento castrense recortando gastos y frenando cualquier proyecto de desarrollo en la industria bélica, redujo el número de capitanías generales, distanciando geográficamente a los militares sospechosos de sedición, contribuyendo a caldear los ánimos de manera ostensible. Tras la victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero del 36, comienzan a gestarse en la sombra las primeras directivas para derrocar al Ejecutivo.

El Alzamiento y la Aviación
Las resoluciones adoptadas por Emilio Mola, cerebro de la conspiración, otorgaban un papel preponderante al contingente regular y de marinería en el pronunciamiento militar, relegando a segundo plano las evoluciones del arma aérea, por ser éste un colectivo que apoyaba mayoritariamente el régimen de la República, por tanto la confianza del general en el cuerpo, salvo excepciones, era escasa.

El rumor de un complot iba acrecentándose a medida que transcurrían los días, la inseguridad en las calles lejos de remitir, se intensificaba a causa de los continuos desórdenes que arrojaban saldos espeluznantes. No ayudaba tampoco el enrarecido ambiente parlamentario, cuyas sesiones se contaban por acalorados debates e incluso ocasionalmente se proferían insultos acompañados de veladas amenazas que proyectaban una imagen poco edificante de la Institución.

Concurrentemente las Fuerzas Armadas movían ficha de forma discreta según sus conveniencias, gozaban de información privilegiada que se filtraba en los momentos idóneos a modo de globos sonda para pulsar las reacciones en su seno. Sin embargo, la oficialía aeronáutica mantenía una relación parcialmente cordial a pesar de la complicada coyuntura, eran caballeros, y como tales su conducta estaba a la altura que cabía esperar, pero sabían que en poco tiempo cruzarían fuego, haciendo gala de la misma gallardía así en la tierra como en el cielo.

Estalla la guerra
El 18 de julio de 1936 España se despierta conmocionada por los sucesos de Melilla. En los cuarteles la actividad es frenética y las unidades se aprestan a actuar. Madrid, objetivo vital de los insurrectos, pone en marcha todos los mecanismos para sofocar la asonada, alertando a los regimientos que se radican en la ciudad y su periferia ante lo que se intuye podría ser un conato que no alcanzará mayores consecuencias.

La agitación en los aeródromos madrileños provoca fuertes discrepancias a la hora de decidir el modo de abordar la situación, pero el Gobierno se muestra implacable y decide acabar con el principal foco de insurrección, el Cuartel de la Montaña. Hacia allí se envían efectivos militares a los que se suma personal civil fuertemente armado. Verificada la resistencia de los sitiados, el día 20 se decide mandar una aeronave que efectúe un bombardeo de castigo al recinto, siendo la primera misión de guerra llevada a cabo por la Aviación.

Asalto al madrileño Cuartel de la Montaña.

Asalto al madrileño Cuartel de la Montaña.

Neutralizadas las tentativas de los alzados en las grandes ciudades, aún quedaban por controlar las capitanías que se sumaron al golpe. Por el noroeste se cernía la amenaza de la 7ª División Orgánica de Valladolid que avanzaría hacia Madrid a través de la Sierra de Guadarrama, deteniéndose en el Alto del León, escenario descollante en el que la lucha adquirió la dimensión propia de un largo enfrentamiento armado.

Dicha barrera orográfica sembrada de peligros, puso a prueba la pericia de los pilotos que debían frenar la trayectoria de las columnas terrestres, afrontando mayor riesgo en la ejecución de maniobras que eludiendo la acción directa de las armas, y lo más importante, aprovechando la ventaja que suponía la nula preparación de los soldados para protegerse de los bombardeos.

Monolito que corona el Alto del León.

Monolito que corona el Alto del León.

El efecto moral producía mayor rendimiento que el generado por el empleo de artefactos explosivos, muy limitados potencialmente y que infligieron un número exiguo de víctimas en relación a los vuelos efectuados en el sector del Guadarrama durante toda la confrontación. Un dato concluyente es que durante los casi tres años que duraron los combates, murieron en torno a 56 personas y resultaron heridas alrededor de 79, lo que cifraría el balance en un 2% del total de damnificados en nuestro entorno serrano.

(Continuará)

Alas sobre el Guadarrama (I)

Alas sobre el Guadarrama (II)

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