Naturaleza y Arte, un binomio eterno

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El hombre, desde que se le puede llamar así, ha sentido una atracción irrefrenable por imitar el medio natural y sus habitantes por medio de la pintura o la escultura

Opinión de El Guadarramista
Por Jonathan Gil Muñoz (Director)
Desde tiempos remotos, el ser humano ha visto en la Naturaleza algo más que una simple fuente de alimentos o incluso peligros. En la actualidad, tenemos pruebas de cómo el hombre de hace miles y miles de años, allá por ese tiempo remoto y lleno de incógnitas que conocemos como prehistoria, ya dejaba en las cuevas y refugios en los que habitaba testimonios de su admiración por todo lo que le rodeaba mediante frescos o grabados en la piedra.

Ese antiquísimo sentimiento de asombro por lo natural, se ha dejado también sentir a lo largo del tiempo en otras muchas expresiones artísticas. La imitación de la Naturaleza ha estado siempre presente en la pintura o la escultura, pero también en la música, o incluso en la arquitectura y ha sido además una temática recurrente en la danza, la literatura y por supuesto en el cine. Es decir, que el Arte no sería tal y como hoy lo entendemos sin los bodegones, los paisajes o la fauna y flora, por poner sólo unos ejemplos.

«El Arte no sería tal y como hoy lo entendemos sin los bodegones, los paisajes o la fauna y flora»

pexels-photo-6627261.jpegLo que el medio natural ha despertado en el ser humano ha sido desde siempre algo que nos ha hablado de la necesidad que tiene nuestra especie de estar en contacto con la Naturaleza, de la forma que sea, pero cerca al fin y al cabo, aunque sea por cortos periodos de tiempo incluso. Esa necesidad ha quedado y queda en la actualidad plasmada en la producción artística humana, lo que no deja ser enormemente paradójico. Sólo hay que pensar en cómo tratamos a la Naturaleza de forma global para darse cuenta de que algo no termina de estar bien en nuestra sociedad.

Así, somos capaces de deleitarnos frente al realismo de una pintura con motivos naturales en el Museo del Prado, por ejemplo, y luego no tener ningún tipo de problema en comer frutas y verduras traídas hasta nuestros supermercados desde miles de kilómetros de distancia, con las consiguientes emisiones de gases contaminantes y en detrimento del comercio local y de proximidad. Son esas disparidades las que tenemos que ser capaces de detectar para ser no sólo mejores ciudadanos, sino consecuentes con nosotros mismos, que es tan importante como lo primero.

«Tenemos que ser no sólo mejores ciudadanos, sino consecuentes con nosotros mismos»

Ahora que acabamos de empezar el año, puede ser un buen momento para ponerse como meta alcanzar este pensamiento crítico, una herramienta básica si queremos cambiar nuestra forma de actuar y la de las personas que nos rodean, ¿por qué no? Eso sí, hay una cosa muy cierta en todo esto: nosotros somos una parte del todo, si los que nos imponen una forma determinada de consumir y de vivir no se ven obligados a cambiar, poco o nada podremos conseguir, por mucho que a nuestra especie le guste la Naturaleza.

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