Los almendros en flor, leyendas vivas de Madrid


Aunque el madroño es la especia arbórea que más se asocia con la Comunidad de Madrid, llegadas estas fechas del año, los almendros se transforman para mostrar toda su magia 

De Leyenda
Por Rosa Alonso López
Es tiempo de disfrutar de las flores del almendro, las más vistosas y esperadas de cada año. Y es que, desde hace dos milenios, este árbol, perteneciente a la familia de las rosáceas con dos variantes, nos acompaña como una especie más y hemos sabido aprovechar tanto su fruto que, actualmente, España es el segundo productor del mundo de almendra con 200 kt/año. Por datos como estos, deberíamos conocer un poco más este magnífico espécimen que, además, cuenta con tradición legendaria propia.

La leyenda del árbol del almendro
Sobre el almendro y su fruto existen fábulas desde la antigüedad como las que se pueden encontrar en la mitología clásica y, también, en múltiples creencias como el judaísmo, el cristianismo y el islam, entre otras, donde para cada una guarda un significado diferente: riqueza, juventud, renacimiento, etc. Como no podemos analizarlas todas, nos centraremos en la Grecia Clásica por su menor aparición en esta sección.

Filis y Demofonte.

Es un hecho que la flor del almendro brota antes de que lo hagan sus hojas y los antiguos griegos tenían su propia leyenda como explicación -versión romantizada de las dos posibles-: cuando la princesa de Tracia, Filis, murió de pena mientras esperaba la vuelta de su amado, la diosa Atenea la convirtió en un almendro. De este modo, cuando Demofonte consiguió regresar de la Guerra de Troya, el soldado descubrió que nadie le esperaba en la orilla, más allá de un bellísimo árbol cuya corteza no pudo evitar acariciar. A modo de señal y como prueba de su amor, Filis respondió floreciendo de la manera más hermosa, sin contar con ninguna hoja.

Filis hace su magia en el Parque de la Quinta de Los Molinos
Aunque la búsqueda de leyenda propia haya sido infructuosa, el Parque de la Quinta de Los Molinos parece contar con magia propia. Su entrada principal, la más conocida entre las cinco posibles, se sitúa en la calle de Alcalá, número 527. Este paso no permite vislumbrara primera vista las 25 hectáreas de superficie del terreno. Para conocerlo, hay que pasear e ir descubriendo todos sus escondrijos: la Casa Palacio y la Casa del Reloj, un invernadero, varios estanques y fuentes, una curiosa pista de tenis de hierba con reminiscencias del art déco -que ha sufrido cierta transformación en los últimos meses- y, por supuesto, los dos molinos que dan nombre al parque. Y, ‘adornando’ todo esto, una magnífica arboleda de gran variedad entre la que se encuentran, olivos, pinos y eucaliptos, entre otros.

“Aunque la búsqueda de leyenda propia haya sido infructuosa, la Quinta de Los Molinos parece contar con magia propia”

Debido a su gran riqueza vegetal, se recomienda visitarlo, al menos, una vez en cada estación del año para ir comprobando el cambio y la belleza de cada una, si bien, el momento estrella es durante la floración de los, aproximadamente, 1.500 almendros; sus flores brotan en febrero y marzo, durante unas dos semanas, y este año ,aunque Filomena también ‘visitó’ el lugar, ya se encuentran en plena floración. Sin duda, un placer para los sentidos pasear entre ellos y sentir algo de la magia y el amor de Filis.

Calle del Almendro.

En la calle del Almendro no hay tantos almendros
Situada en el barrio de Palacio, la calle del Almendro une la Cava Baja con la plaza del Humilladero -esta última posee su propio fantasma-. Existen testimonios escritos, uno del siglo XVII, donde dicha calle ya contaba con esta denominación y cuya explicación más sencilla es que acogiera múltiples almendros que, en la actualidad, se focalizan en el cercano jardín, junto a la muralla cristiana. Y es que, también hay escritos que mencionan que los árboles impedían la ampliación de esta zona -la urbe se habría camino-, principalmente un hermoso ejemplar que había quedado situado en el centro de la calle. Sin mayor miramiento, el almendro fue ordenado arrancar. Una verdadera lástima.

Aunque ya no existan ejemplares legendarios como el descrito, muchas zonas de Madrid cuentan con hileras de almendros que, recordemos, solo durante dos semanas llenan de belleza con sus flores la vista de quien quiere mirarlos. Aprovechemos estos días para recorrer a pie todos los magníficos rincones de un lugar que ha estado tan triste, pero que parece que comienza a vislumbrar la primavera.

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