El corzo y la identificación de sus rastros


Este mes damos las claves para poder seguir las huellas dejadas por este ungulado en nuestros bosques, una especie ideal para iniciarse en el rastreo de fauna silvestre

Naturaleza al descubierto
Por Jorge Ortiz González, EIMA Escuela de Medio Ambiente y Alicia Page Quicios, bióloga
El corzo es sin duda uno de los ungulados más esquivos de los que habitan en nuestro país. Aunque en los últimos años está sufriendo un espectacular proceso de recolonización en la península ibérica, los encuentros con él siguen sin ser habituales, no obstante, con el conocimiento de sus rastros, detectar la presencia de esta especie, puede convertirse en una tarea sorprendentemente sencilla, a lo largo de las siguientes líneas intentaremos mostraros cómo.

Excrementos
La dieta del corzo esta únicamente por vegetales, de hecho, podríamos decir que es el más ‘gourmet’ de los herbívoros ibéricos, pues durante el proceso de alimentación escoge únicamente los brotes más tiernos, nutritivos y fáciles de digerir. La combinación de esta exquisita selección del alimento, el proceso de rumia (segunda masticación tras una digestión parcial) y el reducido tamaño corporal de la especie, resultan en unas heces extraordinariamente pequeñas, muchas veces similares a las de un conejo, tanto en tamaño como en composición (Burón & Fandos, 2013).

Excrementos de corzo. Foto: Jorge Ortiz González y Alicia Page Quicios.

El color y la morfología de estos pequeños excrementos normalmente varía en función del alimento ingerido, o mejor dicho en función de la cantidad de agua que contuviera el alimento ingerido, presentando desde pequeñas esferas en los lugares y momentos más secos del año, hasta aglomerados compuestos por incontables cilindros unidos entre sí, sin embargo lo más común es que se manifiesten en forma de cilindros individuales de aproximadamente 1 cm de largo y 0,75 cm de ancho. Normalmente, aunque existen numerosas excepciones, la terminación de uno de los extremos presenta una estructura en forma de pico y la del otro una morfología convexa. Esto sucede incluso en las heces más esféricas permitiendo la diferenciación entre conejo y corzo. Para diferenciarlas de las deposiciones de otros ungulados  lo más frecuente es atender a su menor tamaño (de la Torre, 2014).

“El color y la morfología de estos pequeños excrementos normalmente varía en función del alimento ingerido

Con respecto al lugar seleccionado para la deposición, los corzos no realizan este tipo de selección, defecando en pequeños grupos según les va entrando la necesidad, ya sean lugares de alimentación, encames o sendas de paso. Se estima que la tasa de defecación de la especie ronda los 20 grupos de excrementos diarios (Marcon y Co, 2019).

Huellas
Al igual que el resto de especies de ungulados, los corzos han modificado la morfología de sus patas para caminar de ‘puntillas’ sobre las falanges finales de sus dedos, que a su vez han protegido recubriéndolas por duras pezuñas (Ortiz-González, 2019).

Debido al peso de la especie, alrededor de 23 kg en la Sierra de Guadarrama (Horcajada-Sánchez y Barja, 2016), es muy común la impresión de sus huellas en los caminos, así como el encuentro de estas por parte de los guadarramistas, tras la caída de cualquier tipo de precipitación. Para diferenciarlas simplemente debemos prestar atención a dos factores; su pequeño tamaño, 4-5 cm de longitud, y sus afiladas puntas.

Huellas de corzo. Dibujo: Jorge Ortiz González y Alicia Page Quicios.

Las pezuñas (y por lo tanto las huellas) presentan formas algo distintas según pertenezcan a las extremidades anteriores o posteriores; las primeras suelen presentar bordes rectilíneos y mayor o menor apertura en función del sustrato y el ritmo al que se desplace el animal, las segundas por el contrario, casi siempre mantienen su forma de corazón y la apertura varia muy poco a lo largo de la marcha.

Escodaduras
Las huellas del corzo son muy fáciles de detectar tras las lluvias, pero ¿qué ocurre en verano cuando no llueve? Para detectar la especie entre los meses de abril y septiembre, quizás, lo más indicado sea salirse un poco del camino y prestar atención a los finos tallos leñosos de algunas plantas como el majuelo o el rosal silvestre, así como a los brinzales de sauces, álamos, robles e incluso pinos, pues nos encontramos en plena época de celo y los machos de la especie sentirán especial predilección por este tipo de plantas para el marcaje con sus glándulas frontales.

Mano de corzo. Dibujo: Jorge Ortiz González y Alicia Page Quicios.

Como consecuencia de la intensidad del frotado, frecuentemente las cuernas del animal terminan por arañar el tronco, lo que a su vez intensifica la señal olfativa, al permitir también su detección visual desde la distancia y contribuye a la conservación de esta durante más tiempo gracias a su mezcla con savia vegetal (Mateos-Quesada, 2017). Estos arañazos se denominan escodaduras por su similitud a las marcas realizadas con la escoda, una herramienta utilizada para labrar piedra y picar paredes.

Para intensificar aún más su mensaje, los corzos arañan el suelo con sus pezuñas al pie de las escodaduras, marcando así con sus glándulas interdigitales y generando señales visuales y olfativas que acompañaran a el mensaje principal.

“Las pezuñas presentan formas algo distintas según pertenezcan a las extremidades anteriores o posteriores”

Cuernas
Al contrario que los cuernos de las vacas, cabras u ovejas (bóvidos), que están conformadas por hueso vivo recubierto por una vaina de queratina, las cuernas de los corzos (cérvidos) se conforman por hueso muerto que es desechado en noviembre de cada año con la esperanza de generar una estructura ósea mayor al año siguiente (Landete-Castillejos y Co., 2013). Las cuernas pueden ser localizadas a lo largo de los meses de noviembre y diciembre, simplemente siguiendo las sendas realizadas por los corzos durante sus actividades diarias.

Como se ha dejado ver a lo largo del artículo, los corzos son una especie magnífica para iniciarse en el mundo del rastreo de fauna, no solo por la facilidad de localización e identificación de sus rastros, sino también, por la facilidad que estos presentan para ser seguidos a lo largo de decenas o incluso cientos de metros.

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