La organización conservacionista ANAPRI realiza un seguimiento de la actividad del avión común en el municipio madrileño
Redacción/. Como todos los años por estas fechas, los aviones comunes vuelven a Colmenar Viejo. Transcurridas algunas semanas desde su llegada, empiezan a trabajar afanosos en la reconstrucción de sus nidos. Este año es especial, no sólo por el COVID-19 y el obligado confinamiento, sino porque este año han llegado algo de retraso, «concretamente 30 días más tarde», señala Eduardo Ramírez, miembro de la Asociación Naturalista Primilla (ANAPRI).
«Desde hace unos años realizo un seguimiento con una webcam de los nidos que hay en mi cocina», comenta Ramírez, «es emocionante despedirlos en septiembre, pero aun más alucinante es darles la bienvenida». El avión común es un ave filopátrica, por lo que vuelve desde sus cuarteles de África cada año al lugar donde nació. «Este año llegaron a las 11:27h del pasado 4 de abril, un mes más tarde que otros años, pero rápido se han puesto manos a la obra y una pareja ocupa uno de los 6 nidos desde el día 4″, señala Ramírez.
«Desde el primer día duerme la pareja en el nido, algo novedoso que no he observado anteriormente. Me gusta pensar que son mis vecinos alados que cada año vuelven para regalarme gratos momentos con su compañía», indica este miembro de ANAPRI, que ha registrado sus observaciones en la plataforma colaborativa iNaturalist.















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