Naturismo sobre las cimas

El reconocido naturalista y escritor Joaquín Araújo muestra en esta tribuna una ristra de naturismos’ en alabanza a la Sierra de Guadarrama 

Alto horizonte:
esos desobedientes
techos sin techo. 

 el Mirador
Por Joaquín Araújo, naturalista y escritor
Con la palabra naturismos, que uso desde hace 25 años, vengo a proponer una posible denominación para la familia de los aforismos dedicados casi exclusivamente a la Natura, sus elementos, aspectos, inquilinos y, especialmente, a las emociones que despierta en quienes la contemplamos con admiración y respeto. Vendrían a ser expresiones sucintas, que casi siempre intentan ser poéticas, del sentimiento de la Naturaleza, este que tan bien conocen todos los lectores de El Guadarramista.

He seleccionado unos cuantos de estos pensamientos con el denominador común de la montaña y los horizontes. Como desde hace cuarenta años vivo en las sierras de las Villuercas, por no pocos de estos naturismos brotan de la espontaneidad e inmediatez de quien habla de lo suyo, de lo íntimamente experimentado. Pero ese localismo, creo, no resta que lo escrito no pueda ser atribuido también al Guadarrama. Sierra familiar y querida desde la infancia ya que, como tantos otros madrileños, tuve la suerte de veranear durante casi veinte años en una de las comarcas abulenses de la gran Sierra.

“He seleccionado unos cuantos de estos pensamientos con el denominador común de la montaña y los horizontes

Sierra de Guadarrama

Es más, sin ser asiduo de estas cuestas las he sudado en no pocas ocasiones. No puedo por menos que recordar que he dirigido un puñado de documentales con base en el Guadarrama, algunos de mis libros y artículos han tenido también como referencia esta porción despegada de nuestros paisajes más vividos. En fin, dejemos que unas cuantas palabras suban hasta donde antes lo hicieron nuestros pasos, miradas y emociones. Intercalo, solo tengo fe en lo entreverado, unos pocos haikus, que si bien pueden ser considerados naturismos se someten a la norma de formar poemas de tres versos de acuerdo con un canon de la literatura japonesa.

Chisporroteos
La montaña merece que la comprendamos como generosa alfaguara de todo lo esencial para vivir fuera de ella. / La belleza de los rebeldes horizontes nos llama, pero no a todos a la vez, no para mancillarlos con la lela velocidad, la torpe comodidad y la demoledora mezquindad de los amontonados.

Si fascinante resulta llegar a saber como subieron las montañas, imprescindible todo lo que de ellas baja. / Contemplo la Sierra como un paisaje en fuga y quiero huir con ella para huir de la mezquindad que manda. / También el asombro brota de los ápices del horizonte. / Nadie queda por encima y, sin embargo ¡qué solemne serenidad, qué contundente modestia!

Como las cimas
atrapando del cielo
sus transparencias.

Siempre tras cimas:
subimos para olvidar
tanto descenso.

Erguida sobre
la ancianidad del mundo,
tierra arrugada.

Imaginemos a la Sierra imaginándonos. / Las montañas son las farmacias del alma. / Subo a los ápices para asomarme a lo que más se asoma. / Como principal residencia de los esfuerzos la montaña debería ser nombrada escuela de las escuelas. / Ahí es nada: su tarea y destreza es dar relieve al relieve. / Las montañas dan y apagan la luz todos los días. La grata, gratuita y opulenta luz de todos sin excepción. /Busco toda línea del horizonte que no sea ni línea ni horizontal.

Alta altivez,
pero nada más lejos
de la soberbia.
Allí en las cuerdas altas viven las miradas más admiradas, las que aman los cielos más limpios y los suelos menos domesticados.

Esas montañas
que pastorean rebaños
de horizontes.

Siempre atalantan
los bosques emboscados
en las serranías.

Esta civilización se descompone porque son demasiados los que se han arrancado de los paisajes más vivos, lejanos, difíciles. Mirar a lo lejano y alto enseña a no devorar. / Quieta e inquietante y sin embargo tan llena de inquietos. / Allí llega la gota de lluvia que menos vuela y que más anda. /Que cuesten las cuestas, esa es la cuestión.

No muchas pero, algunas veces, he visto sonreír a la montaña cuando la comodidad fracasa. / Las montañas inventaron la danza de la quietud. / Hay días en los que ves los perfiles serranos como queriendo aletear tras las nubes que acaban de acariciarlos.

“Esta civilización se descompone porque son demasiados los que se han arrancado de los paisajes más vivos, lejanos, difíciles”

La montaña ha levantado montañas de adjetivos, pinceladas, partituras y proezas más o menos deportivas y, sin embargo, apenas hemos vislumbrado una mínima parte de lo que portan y aportan. Podemos agradecerles también que lo esencial de su esencia sigue ahí esperando que lo descubramos.

Sierra de la Morcuera.

Admitamos que resulta bastante oportuna la redundancia: las montañas son lo más cimarrón que nos queda; es decir lo rebelde, lo huido hacia la libertad. / Nunca han cerrado la puerta a nadie. Nunca se han reservado el derecho de admisión.

Mantienen excelentes relaciones con la siempre difícil inmensidad. Es más pueden inmensearnos pero también encanijarnos que es la terapia más necesaria. / ¿Cómo no iban a ser parte de nuestros sueños si son la tierra que más vuela? / Son sembradoras: de sombras en los ocasos y de luces en los ortos. / He comprobado que en algunas ocasiones el corazón de la montaña late dentro de tu cuerpo. / No solo cúpula. Es tan tanto lo que allí se inicia que deberíamos aceptar que toda montaña es cópula.

A lo lejos cimas,
a su esplendor atadas:
huyo con ellas.

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