El vagón de los ciclistas

Martínez de Pisón reflexiona sobre la masificación de la montaña como consecuencia de la práctica de modalidades deportivas

`el Mirador´
Por Eduardo Martínez de Pisón

He leído que el ayuntamiento de Cercedilla (Madrid) ha propuesto la
reserva de un vagón para ciclistas en el tren a Los Cotos para aprovechar
turísticamente las áreas altas de la Sierra de Guadarrama. La montaña se ha
hecho turística y las prácticas del turismo, a veces deportivo, han
impregnado no sólo el paisaje y el ritmo de la vida sino también el ejercicio
del montañismo. 

Por ejemplo, aparte del turismo genérico, que es muy evidente, me pregunto sinceramente si las carreras por montaña, que tanto han proliferado de repente, son una nueva modalidad atlética y gregaria del alpinismo o una extensión del atletismo colectivo, tan popular en otras variedades, que toma por cancha las montañas.

Lo mismo se podría pensar del ciclismo que irrumpió en su día en los senderos de montaña, más como nuevo ejercicio de bicicleta por terrenos montañosos que como ampliación deportiva del montañismo anterior. De este modo pueden ser incluso ambas prácticas estorbos al ejercicio del montañismo real, el peatonal, e intrusiones de velocidad, masas y máquinas donde son más adecuados la calma y la soledad, con sus contenidos, y el contacto físico directo con el medio.

Lo que se toma como emersiones inocentes de los tiempos que corren, nuevas modalidades deportivas, también mueven dinero e intereses y estas fuerzas, que siempre están muy alertas, transfieren sus estilos, para los que la montaña no es sino un lugar de aprovechamiento, a esas prácticas.

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2 Respuestas a “El vagón de los ciclistas

  1. Sale más barato y se luce más en el Guadarrama que en un gimnasio. La generalidad no tiene idea de por dónde va, qué le rodea y ni le interesa saberlo. Eso sí, toda la parafernalia que gasta mola mazo.

    ¿Todavía hay montañaeros?

  2. Bien por la decisión del Ayto de Cercedilla.

    Es un problema compartir y atravesar vagones entre bicis desparramadas y dueños despatarrados por el suelo a las entradas y pasillos del tren; ello como mínimo, si no tropiezas o se te vuelca una encima.

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