
Ejemplar de corzo.
El corzo es uno de los habitantes más característicos de nuestra región. Aunque todos hayamos visto su silueta alguna vez, su historia esconde unas cuantas sorpresas
Especiario
Por Carlos Gómez, estudiante de Ciencias Ambientales
Lo más probable es que, cuando te cruces con un corzo, él te descubra mucho antes de que tú llegues siquiera a verlo, alejándose con sus típicos ladridos, marchándose con su peculiar sonido como refunfuñando por haberme cruzado con ellos. Este pequeño cérvido pertenece a la subfamilia Capreolinae, por lo que está más emparentado con los alces y los renos que con el resto de cérvidos ibéricos.
Amante de los entornos frescos
Es una especie principalmente forestal, asociada a una gran variedad de bosques, especialmente aquellos que se alternan con prados, claros y linderos. Sin embargo, se adapta muy bien a los espacios abiertos, por lo que no es raro encontrarlo incluso en llanuras dominadas por campos cerealistas.
En la mitad meridional de nuestra región, en cambio, se vuelve más dependiente de ambientes frescos y sombríos, donde encuentra refugio en las umbrías de encinares y alcornocales. Estos enclaves resultan especialmente importantes durante los meses más cálidos, cuando las condiciones secas y las altas temperaturas limitan la disponibilidad de hábitats adecuados.
Su dieta consiste en el consumo de hojas de arbustos y árboles bajos, así como bayas y brotes tiernos. Es un animal más ramoneador que de pastos, aun cuando se adapta fácilmente a esta dieta donde falta la masa arbustiva.

Macho y hembra de corzo. (Foto: Juan lacruz).
Su adaptabilidad, un salvavidas
Durante la primera mitad del siglo pasado, el corzo llegó a estar al borde de la extinción en algunas zonas del sur de Europa debido a la pérdida de hábitat y a la intensa presión cinegética. Sin embargo, su gran capacidad de adaptación, junto a la recuperación de muchos de sus hábitats, ha favorecido una notable expansión de la especie en las últimas décadas. En España, este crecimiento ha sido especialmente acusado, llegando a multiplicarse por diez su área de distribución durante los últimos cincuenta años.
Algo muy curioso del corzo es que presenta diapausa embrionaria, también conocida como gestación suspendida. Tras la fecundación, el embrión comienza a desarrollarse durante unos quince días, pero después detiene temporalmente su desarrollo y permanece en estado latente durante varios meses. No llega a implantarse en la mucosa del útero hasta aproximadamente cinco meses después, alrededor del mes de enero.
Esta estrategia reproductiva es relativamente poco común entre los herbívoros, aunque resulta más frecuente entre algunos carnívoros de climas fríos. Gracias a ella, el corzo consigue ajustar el momento de los nacimientos para que estos y el posterior periodo de lactancia coincidan con la primavera, cuando la disponibilidad de alimento es mucho mayor.








Madrid, a la cola en movilidad ciclista
El clima y el suelo cambian las reglas de la convivencia entre plantas


Dos millones de personas no cuentan con espacios verdes suficientes en la ciudad de Madrid







Ampliada la mayor base de datos sobre biodiversidad





El 80% de los españoles piensa que existe mucha o bastante desinformación ambiental
Dehesa de la Golondrina, modelo de ecosistema agroforestal en la Sierra de Guadarrama
La Red Natura 2000 contribuye a reducir la degradación del suelo en la península ibérica





















