
Una especie invasora que avanza en silencio y una web ciudadana que busca frenarla
el Mirador
Por Juan Antonio Aparicio. Coordinador del proyecto web del ailanto
Pocos árboles crecen tan rápido ni se propagan con tanta facilidad como el ailanto, conocido también como ‘árbol del cielo’. Introducido en Europa en el siglo XVIII como especie ornamental, hoy se ha convertido en una de las plantas invasoras más agresivas de nuestro territorio. Su capacidad de reproducirse por semilla y rebrote hace que, una vez instalado, sea casi imposible erradicarlo por completo.
El problema no es solo su crecimiento. El ailanto libera al suelo sustancias químicas que impiden que otras especies germinen o prosperen a su alrededor. Este efecto alelopático empobrece la biodiversidad y provoca la desaparición de plantas autóctonas, alterando gravemente los ecosistemas en los que se asienta. Además, su potente sistema radicular daña muros, aceras y canalizaciones, lo que lo convierte en un enemigo tanto ecológico como urbano.
«El ailanto libera al suelo sustancias químicas que impiden que otras especies germinen»
Controlar su expansión es una tarea compleja que requiere combinar distintos métodos. El arranque manual o el corte de los ejemplares jóvenes puede ser eficaz, pero si se deja una mínima porción de raíz, el ailanto rebrotará con más fuerza. Por eso los expertos recomiendan complementar la acción mecánica con tratamientos químicos muy localizados, aplicados directamente sobre el tocón o en perforaciones del tronco, para evitar la diseminación del herbicida. En algunos casos se experimenta incluso con hongos degradadores de madera como Trametes versicolor, que debilitan el sistema radicular de forma natural.
Pero ninguna estrategia aislada servirá si no existe un seguimiento constante y una participación coordinada entre Administraciones públicas, técnicos y ciudadanía. La detección temprana es la mejor herramienta para impedir que nuevos brotes se consoliden y se propaguen río abajo, carretera arriba o en los márgenes de pueblos y ciudades.

Web ailantomap.com.
Con esta idea nace la web ailantomap.com, un proyecto que pone la tecnología al servicio de la conservación. Su objetivo es sencillo pero ambicioso: crear un mapa colaborativo que recoja los puntos donde aparece esta especie invasora y facilite su seguimiento a lo largo del tiempo.
Cualquier persona puede entrar, señalar la ubicación de un ejemplar, y añadir observaciones. Cada registro se incorpora al mapa general, que muestra en tiempo real la extensión del ailanto en distintas zonas. De igual manera también es posible exportar la información de las ubicaciones reportadas filtrando por provincia o por localidad. Así, el proyecto convierte la observación ciudadana en una herramienta útil para investigadores, ayuntamientos y entidades ambientales que necesitan datos actualizados para planificar acciones de control.
«Cualquier persona puede entrar en la web, señalar la ubicación de un ejemplar, y añadir observaciones»
La web también incluye información divulgativa: cómo identificar el ailanto, por qué supone un problema ecológico y cuáles son las prácticas más adecuadas para evitar su propagación. Su diseño busca ser claro, educativo y accesible, fomentando la participación de todos: desde quienes se cruzan con un ejemplar en un paseo por el campo, hasta los responsables técnicos de medio ambiente que trabajan en su erradicación.
El proyecto ‘Ailanto’ no pretende ser solo una base de datos: aspira a crear una comunidad de vigilancia activa frente a una amenaza que, aunque discreta, está transformando silenciosamente nuestro paisaje. Cada registro cuenta, cada observación suma, y cada ciudadano puede formar parte de la solución.








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