El secreto bajo los robles que permite convivir a plantas rivales

Grupo de robles (Foto: Ezequiel Antorán Pilar).

El trabajo revela que los árboles pueden actuar como mediadores que equilibran la competencia entre plantas, evitando que las más fuertes acaben con las más débiles

Redacción/. Un equipo de investigadores liderado por Ezequiel Antorán y Joaquín Calatayud, miembros del Instituto de Investigación en Cambio Global (IICG-URJC), desvela cómo los robles melojo modifican la composición química y microbiana el suelo a su alrededor, creando condiciones distintas a las del resto del terreno. Esas condiciones disminuyen la germinación de la jara pringosa, la especie dominante y más agresiva, mientras favorecen el crecimiento de la jara estepa, la más débil. El resultado: ambas conviven.

El hallazgo tiene implicaciones que van más allá del Sistema Central, donde se realizó el estudio. Comprender cómo las interacciones indirectas entre especies mantienen la biodiversidad es clave para gestionar ecosistemas, restaurar hábitats degradados y predecir cómo responderán las comunidades de plantas ante el cambio climático o la pérdida de especies. Si eliminamos a los mediadores del ecosistema —árboles como los robles— podemos romper sin saberlo los equilibrios que permiten la convivencia de muchas otras especies.

«El resultado refuerza una idea cada vez más importante: la biodiversidad no se mantiene únicamente por la competencia directa entre especies. También puede depender de interacciones indirectas. Esto amplía la forma en que pensamos la coexistencia: no basta con preguntar qué especies compiten entre sí, sino también cómo unas especies modifican las condiciones que afectan a otras», afirma Rubén Bernardo Madrid, investigador de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC).

El estudio, recientemente publicado en la prestigiosa revista Ecology Letters, ha contado con la colaboración de los investigadores Jaime Madrigal González (Universidad de Valladolid), Rubén Bernardo Madrid (Estación Biológica de Doñana-
CSIC), Miguel Ángel Fernández Martínez (Universidad Autónoma de Madrid) y Marcelino de la Cruz Rot (IICG-URJC). En este trabajo también ha participado la Universidad de Umeå (Suecia).

 

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