
La Comunidad de Madrid está dominada principalmente por el bosque mediterráneo esclerófilo, la formación forestal mediterránea por excelencia, especialmente bien adaptada al clima de la región
Especiario
Por Carlos Gómez, estudiante de Ciencias Ambientales
En la Comunidad de Madrid, el bosque esclerófilo tiene un claro protagonista: la encina, que forma bosques planifolios y perennifolios, cuyas hojas pequeñas y endurecidas están perfectamente adaptadas a la escasez de agua. Estas, presentan una gruesa cutícula en la que se hayan profundamente hundidos los estomas encargados de la fotosíntesis, que pueden cerrarse y reducir al mínimo la transpiración cuando escasea el abastecimiento del agua, reduciendo al mínimo la pérdida de agua por transpiración.
Estos rasgos anatómicos de las hojas indican un claro xeromorfismo, es decir, adaptaciones orientadas a evitar un gasto excesivo de agua, suponiendo una indudable adaptación al clima mediterráneo cuyo rasgo definitorio y más característico es una clara sequía estival, ya que la estación más seca del año coincide, con la más calurosa. En otros climas no áridos, la precipitación suele repartirse de forma más homogénea o concentrarse en invierno, lo que convierte en único el desafío hídrico del Mediterráneo y, por tanto, las adaptaciones de los seres vivos que habitan en él.
Otro rasgo destacable del bosque mediterráneo, es su carácter perennifolio, que suele relacionarse con la suavidad de los inviernos de la región mediterránea. No obstante, en gran parte del dominio del bosque esclerófilo puede helar con frecuencia y en ocasiones con notable intensidad, pero la estructura dura y coriácea de las hojas permite soportar las heladas del invierno. Una helada de 12 grados bajo cero solo ocasiona a la encina daños moderados.
Otro rasgo del bosque mediterráneo, es su carácter perennifolio, que suele relacionarse con la suavidad de los inviernos
Esta notable resistencia al frío, permite al bosque esclerófilo mantener una actividad vital ininterrumpida a lo largo del año (aunque el crecimiento se ralentiza o incluso se detiene durante los meses más fríos). Le permite, también, aprovechar al máximo la primavera y el otoño sin esperar a tener que desarrollar un nuevo follaje o que haya pasado el riesgo de heladas, ni tampoco adelantarse a su llegada perdiendo las hojas en otoño.

Encinar maduro.
El endurecimiento y permanencia de las hojas, por tanto, suponen adaptaciones muy útiles ante el clima mediterráneo continental de la Comunidad de Madrid. Permiten soportar sus limitaciones: sequía estival, precipitaciones irregulares, riesgo de heladas relativamente intensas, y al mismo tiempo aprovechar sus cualidades favorables: larga estación libre de heladas y una elevada insolación. Aun así, también tiene sus aspectos negativos. Las precauciones para evitar o reducir la transpiración se pagan con un crecimiento más lento. Encinas y alcornoques son especies de crecimiento más lento, no solo que las coníferas, sino también que sus congéneres los robles.
Pero si en algo destaca la Comunidad de Madrid es en la notable variedad de paisajes que se suceden de norte a sur. Aunque el bosque esclerófilo ocupa gran parte del territorio y define buena parte de su identidad vegetal, no es la única formación forestal presente en la región.
Pero si en algo destaca la Comunidad de Madrid es en la notable variedad de paisajes que se suceden de norte a sur
En las cumbres más altas de la Sierra de Guadarrama aparecen comunidades vegetales adaptadas a condiciones más frías y húmedas, como los pinares de Pinus sylvestris. A medida que descendemos en altitud, estos bosques dan paso de forma gradual a los melojares y, finalmente, a los encinares termófilos que dominan amplias zonas del centro y sur de la Comunidad. Más al sur aún, en las vegas fluviales, surgen los frondosos bosques de ribera que acompañan al río Tajo y a sus afluentes, formando auténticos corredores verdes.
Este mosaico de bosques y paisajes convierte a la Comunidad de Madrid en un territorio muy diverso desde el punto de vista ecológico, donde cada formación vegetal cuenta una parte de la historia de su clima, su relieve y su relación con el entorno mediterráneo.















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