Redes sociales y conservación de la naturaleza


¿Ayudan o son más bien un peligro para nuestro medio natural? Sin duda que pueden ser un potente aliado, pero también una enorme fuente de problemas

Opinión de El Guadarramista
Por Jonathan Gil Muñoz (Director)
En un tiempo en el que las redes sociales son omnipresentes en el día a día de muchos de nosotros, no está de más preguntarse cómo influyen estas potentes plataformas online en la conservación de nuestro patrimonio natural. A bote pronto, ya podemos adivinar que son importantes a la hora de lograr retos medioambientales, pero también son, en no pocas ocasiones, una fuente de problemas.

Vayamos con la cara positiva de las redes sociales. Sin duda que muchas de las publicaciones que aparecen en ellas, ayudan a concienciar sobre la necesidad de proteger nuestra Naturaleza. En este sentido, son estas plataformas un creador de conciencia ambiental entre sus millones de usuarios mediante la difusión de noticias o el anuncio de acciones populares como concentraciones de protesta, plantaciones, etc. Las redes sociales en las que prácticamente todos tenemos abierta una cuenta, como Twitter o Facebook, cumplen con esa labor de difusión de contenidos de especial importancia medioambiental, sirviendo además como foros en los que se discute, con mejores o perores argumentos, sobre cuestiones ambientales de actualidad, algo que también tiene gran importancia.

«Son importantes a la hora de lograr retos medioambientales, pero también son, en no pocas ocasiones, una fuente de problemas»

Hasta aquí todo perfecto. Es más, seguro que podemos añadir más aportaciones positivas de las redes sociales en lo tocante a la conservación, defensa y divulgación de nuestros tesoros naturales. Pero precisamente esa enorme, casi incalculable, capacidad de difusión es lo que las convierte en un arma de doble filo extremadamente peligrosa. Por ejemplo, con espanto hemos visto cómo se han difundido vídeos en los que se ha tratado a la fauna salvaje de forma totalmente inadecuada, y ha sido aceptado como normal por cientos de miles de usuarios de esas redes sociales. Me viene ahora a la cabeza el caso del video en el que aparecía en una playa mexicana bañada por Pacífico un hombre con un ejemplar de vaquita de mar en los brazos mientras decenas de curiosos se acercaban para tocarlo y hacerse fotos con el cetáceo, cuando en realidad, debió ser devuelto al océano de forma inmediata, siendo una especie que hoy se encuentra a las puertas de la extinción.

Y también ocurre que espacios naturales poco conocidos y por ende poco visitados y, por tanto, bien conservados, dejan de serlo de la noche a la mañana tras la publicación en las redes de un post en el que aparecen unas preciosas fotos del lugar. Al día siguiente, miles y miles de personas abarrotan el sitio sin que se pueda evitar. Todo por hacerse una foto en el lugar de moda y subirla a Instagram. Así son también las redes sociales. En este sentido, al igual que se hace con otros muchos temas, como por ejemplo la desnudez o los mensajes racistas u homófobos, también deberían estas plataformas incorporar filtros que eviten la publicación de informaciones que podríamos calificar como medioambientalmente sensibles, algo que lógicamente habría que definir cuidadosamente y que a buen seguro traería su buena dosis de polémica, pero es algo que se debe asumir sin ninguna vacilación.

Sea como fuere, sería un gran paso en pro de la protección de nuestra biodiversidad.

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