La Puerta del Sol de Madrid, eje de leyendas (y II)


En la primera parte, centramos nuestra mirada en la Real Casa de Correos. En esta ocasión, vamos a continuar recopilando historias, como el origen de las luces de Navidad en Madrid y del ‘oso’ y el madroño 

De Leyenda
Por Rosa Alonso López
Aunque han pasado algunas semanas, los madrileños han recorrido más que nunca las calles de la ciudad durante estas singulares Navidades. Muchos vecinos aprovecharon el encendido del alumbrado para reencontrarse con la Puerta del Sol y sus magníficas construcciones, como si la luz les invitara a acercase. Y es que, quién necesita fuerzas telúricas cuando dispone de miles de bombillas.

Decenas son las ciudades de nuestro país que, cada año, compiten por el alumbrado más espectacular. En el caso de Madrid, han destacado nuevamente el ‘cielo estrellado’, situado entre la Puerta de Alcalá y la Cibeles; la bola ‘mágica’, entre la calle de Alcalá y Gran Vía; y, por supuesto, el gigantesco árbol en la Puerta del Sol. Pero, ¿de dónde viene esta alegre tradición?

Luces de Navidad adornando una calle de Madrid.

Origen de las luces navideñas en Madrid
De forma tan resumida que se torna escandaloso, diremos que el uso de la luz se remonta al inicio de los tiempos y que este se relacionó pronto con multitud de ritos religiosos. Respecto a su empleo en las calles -gigantesco salto en el tiempo-, parece que el consenso de los historiadores apunta a las festividades de Saturnalia, cuando los candiles iluminaban los espacios públicos de Roma, alejando a los malhechores de las casas. Con la llegada de la electricidad -otro gran salto en el tiempo- y para que fuera de forma generalizada, habría que esperar a los años 60 del siglo XX en las grandes metrópolis.

Entonces, ¿cuándo y cómo llegaron las luces de Navidad a Madrid? Según el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, elaborado por Pascual Madoz, todo comenzó en el siglo XIX y fue por una broma recurrente de los ‘gatos’ a los forasteros: usando la llegada de los Reyes Magos y el ‘hecho’ de que traían monedas de oro y plata como cepo, recorrían las calles junto a los más ingenuos, haciendo sonar latas y cencerros, mientras los hachones -similares a los cirios de cuatro mechas- iluminaban Madrid. Solo llegado el alba, descubrían el engaño en alguna de las numerosas tabernas. Se dice que, en 1882, el alcalde José Abascal y Carredano prohibió esta práctica bajo pena de multa, pero el germen de recorrer Madrid bajo las luces ya estaba plantado. Su oficialización se sitúa en el 21 de diciembre de 1962, bajo la alcaldía de José Finat y Escrivá de Romaní.

“Todo comenzó en el siglo XIX y fue por una broma recurrente de los ‘gatos’ a los forasteros”

El ‘oso’ y el madroño, símbolos extraños para el Madrid actual
Y no puede haber Navidad en Madrid sin hacernos la foto bajo el mítico reloj, pisando el ‘Kilómetro cero’ o delante de la estatua del oso y el madroño, la cual ha tenido varias ubicaciones, hasta regresar a su origen al inicio de la calle de Alcalá. Realizada en piedra y bronce por Antonio Navarro Santafé, la composición aúna dos de los símbolos de Madrid que pocos entienden: ¿osos en Madrid? ¿Y madroños? Porque, estos últimos, ‘haberlos haylos’ todavía, aunque de forma anecdótica. Pero, ¿quién se imagina a un úrsido deambulando por la ciudad?

Estatua del oso y el madroño en la Puerta del Sol.

La leyenda cuenta que se escogió un oso como emblema de Madrid como homenaje a la hazaña del rey Alfonso XI, que cazó uno en los montes cercanos a la ciudad. Parece que, en el siglo XIV, sí era frecuente ver vagar a estos animales rondando los alrededores de la urbe. Pero, ¿es oso u osa? El animal no muestra los atributos del sexo masculino y se dice que en los blasones era más frecuente la aparición de osas como símbolo de fecundidad y abundancia. Por ello, desde hace tiempo, muchos piensan que es osa y no oso, dando lugar a la ‘Osa y el Madroño’.

Un rinoceronte y un fantasma, protagonistas de las leyendas que rodean a la Puerta del Sol
Pero no solo del conjunto de la plaza emana un magnetismo especial, sino que a su alrededor también se han creado varias leyendas. Comenzaremos recordando la historia del ‘rinoceronte asesino’. Muchos madrileños desconocen que la calle que transcurre entre la Plaza del Carmen y la Gran Vía lleva por nombre calle de la Abada -rinoceronte- y que puede verse a dicho animal en las placas superiores de los extremos. Existen dos versiones: en la primera, Felipe II recibió como regalo del gobernador de Java un elefante y una abada. En la segunda, algo más creíble, los animales habrían pertenecido a unos circenses llegados de Portugal.

Calle de la Abada.

Escogida la versión que más nos guste, se dice que los animales fueron depositados en las eras del Monasterio de San Martín, hoy calle de la Abada. Pronto corrió la voz de su existencia y se hizo insostenible el ruido de todos los curiosos que se acercaban al lugar. El primer incidente ocurrió cuando un mozo daba de comer al rinoceronte, ya que pereció ante el ataque del animal asustado; el segundo suceso, cuando pudo escapar y llegó hasta lo que es hoy Vicálvaro, donde fue capturado, no sin antes llevarse por delante la vida de 20 personas.

“Pronto corrió la voz de su existencia y se hizo insostenible el ruido de todos los curiosos que se acercaban al lugar”

La leyenda del fantasma es también oscura, pues nos habla de cómo un feligrés, que rezaba en el interior de la iglesia de San Ginés, fue asesinado por unos ladrones que se llevaron su cabeza como trofeo. Desde aquel momento, el alma del orante recorre sin descanso el interior del templo para evitar más robos y se dice que ya ha dado algún que otro susto a los fieles.

Hasta aquí, hemos recordado algunas de las leyendas más curiosas de la Puerta del Sol y sus cercanías, pero hemos reservado otras para una revisión posterior. Esperaremos a que regrese el bullicio de la gente a las calles de Madrid. Cuando sea posible y tal y como ha sucedido siempre, todo el mundo es bienvenido.

Una respuesta a “La Puerta del Sol de Madrid, eje de leyendas (y II)

  1. Excelente descripción que transporta al lugar!!
    Esperando con ansias poder volver… “Bien Hallada” siempre

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