John Dos Passos, el viajero errante (y II)


Los crepúsculos del Guadarrama remueven el alma del joven escritor norteamericano 

Milenaria
Por Jaime Sanz Burdiel

John Rodrigo Dos Passos.Continuamos este mes con la persona de John Dos Passos, icono de la generación perdida que, aunque alcanzó cierta fama internacional con sus novelas Tres soldados (1922) y Manhattan Transfer (1925), siempre estuvo a la sombra de su amigo Ernest Hemingway, tanto literaria como socialmente; mayúsculo personaje Ernest, a quien dedicaremos futuros artículos.

John Dos Passos.

En el anterior artículo dejamos a Dos Passos caminando por Segovia a la luz de la luna con Antonio Machado, y más tarde a las puertas de la Sierra de Guadarrama, su “cordillera favorita”. Hoy nos adentramos en las impresiones y vivencias que tuvo el escritor estadounidense en nuestras montañas serranas, tal y como dejó plasmado en sus memorias Años inolvidables (1966).

“Los domingos nos levantábamos pronto para coger a las seis y media el tren de la Sierra. Me había incorporado a un grupo muy unido de montañeros.”

Una verdadera lástima que Dos Passos no diera los nombres de aquel grupo de montañeros. Recordemos que, por aquellos años, no eran muchos los caminantes que se adentraban por las veredas de la Sierra de Guadarrama, y aquellos pocos que lo hacían son, en su mayoría, conocidos de esta sección.

Atardecer en la Sierra de Guadarrama (La Mujer Muerta).

Continuamos con el último texto del escritor norteamericano, una carta a un conocido de la juventud que, espero, no dejará indiferente al amante de las montañas del Guadarrama.

“Mi mayor alegría (le escribí a Arthur), es la Sierra de Guadarrama, la larga cordillera de montañas pardas hacia el norte y el oeste. El sol se pone del otro lado con deslumbrante gloria. Nunca he visto crepúsculos parecidos; remueven el alma como un cocinero remueve una sopera de caldo pero, ¡con qué cuchara de oro! Todos los domingos en compañía de un perfecto caballero español y del Todo Madrid, equipado con atuendo alpino, mochila y todo el resto, me traslado allí y me dedico a escalar. Los paisajes más maravillosos surgen por todas partes. Desde la cumbre se ven las llanuras de Castilla la Vieja y Castilla la Nueva; hacia el norte, de un color amarillo rojizo; hacia el sur, de un amarillo color paja que acaba perdiéndose al pie de las montañas detrás de Toledo. La nieve de los picos toma formas extraordinarias de plumas y cuchillos debido al viento; y cuando el cielo es de un azul intensísimo y las rocas bordeadas de nieve brillan al sol, y cuando se puede ver desde Segovia hasta Toledo… ¿cómo extrañarse de que la musa enmudezca?”

John Rodrigo Dos Passos.

Han pasado alrededor de cien años desde que Dos Passos envió esta carta a su amigo Arthur, desde que le confesó que su mayor alegría era la Sierra de Guadarrama, que nunca había visto crepúsculos parecidos, crepúsculos que remueven el alma… cien años y los caminantes continúan observando el mismo crepúsculo, las mismas montañas… ¿cómo extrañarse de que la musa enmudezca?

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