Fragmentos literarios del gran poeta madrileño describen la hermosa Sierra con admiración
Milenaria
Por Jaime Sanz Burdiel
Durante toda la obra de Andanzas serranas (1910), y también en Tierra y alma (1906) es interesante observar lo alejado que está Enrique de Mesa de sus contemporáneos modernistas, mientras ellos escriben sobre un Madrid moderno o sobre una Castilla regionalista y castiza, nuestro poeta no adopta ninguna de esas dos corrientes tan presentes en la época.
Andanzas serranas, y Tierra y alma son un valioso testimonio personal y literario, mientras sus amigos poetas y escritores se encontraban en el Ateneo criticando, él estaba en la Sierra de Guadarrama admirando montañas y escribiendo poemas.
“Y sano, vigoroso, gusté la dicha de hender el cristal de aquellas aguas, alegría de la tierra, espejo del cielo”.
Más tarde, sí escribiría sobre esa ajada y castiza Castilla, como tantos otros, como Antonio Machado por citar a un gran conocido del que ya hablamos en esta sección. Pues Enrique de Mesa publica en 1911 el Cancionero castellano, en el que reposan unos versos conocidos que bien muestran lo mencionado anteriormente: “Sol de mediodía. Castilla se abrasa. / Tierra monda y llana: ni agua, ni verdor, /ni sombra de chopo, ni amparo de casa. /El camino, blanco. Ciega el resplandor.”
«Enrique de Mesa escribiría sobre esa ajada y castiza Castilla, como tantos otros, como Antonio Machado»
En el capítulo Las brujas de las aguas escrito en Rascafría en 1903, perteneciente a Andanzas serranas el escritor aboga por mostrar una Sierra idílica a la vez que misteriosa y endemoniada. Llama bastante la atención ese cambio tan brusco descrito por el autor, el cual comienza con un paseo que traslada al lector a la Sierra con una facilidad asombrosa y termina con intriga y suspense en parajes poco conocidos de la Sierra:
“Era un deleite trepar por la roqueda, hundir en la hierba menuda de los pastizales los pies doloridos en las asperezas de agria pedriza, calmar la sed y la fatiga a la sombra de alguna peña cubierta de verdosos líquenes, bebiendo de bruces el agua clara y pura, nieve deshecha que borbotea humilde”.
“En la sierra existen manantiales de diablos y fuentes de brujas, encantadores parajes sobre los que aún pesan maldiciones demoníacas, rastro doloroso de la Edad Media.”
En el siguiente artículo, el último de Enrique de Mesa, hablaremos de la laguna de los Pájaros y lo desconocida que era incluso para los serranos.

















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