El origen de la Pedriza

Suenan tambores de guerra en la Pedriza y los dos clanes asentados en la región sueñan una victoria armados únicamente con los cantos hallados en la zona

`De leyenda´
Por Rosa Alonso

Hace tanto tiempo que a los lugareños de la Pedriza les cuesta creer el relato de los dos pueblos transmitido durante generaciones y, sin embargo, el Canto del Tolmo, Los Guerreros y El Centinela son sólo alguno de los ejemplos que persisten de la batalla que allí sucedió. No conocemos el momento, ni la acción desencadenante, pero sí la catarsis que culminó en dolor y guerra.

Un relato en primera persona

Llevamos semanas de batalla y únicamente poseemos como armas las piedras que esta región, tan hermosa y austera a la vez, nos proporciona. Una vez fuimos hermanos pero las disputas entre el jefe del clan primigenio y un pariente de sangre nos llevaron a combatir. La tierra, que desde siempre nos ha ofrecido simiente y refugio, nos precipita a la lucha un día más.

Con el arroyo tomado por el otro bando nos encontramos sitiados y el hambre se hace palpable en el ánimo de los guerreros. Muchas noches atrás, nuestros cultivos fueron arrasados y no hay alba que despunte sin que alguna cabeza de ganado aparezca muerta. La derrota, que no tardará en producirse, transfigura nuestro semblante y sólo nos queda el silencio callado tras cada ataque.

Hasta las rocas parecen erigirse confabuladas con el enemigo, pues cobran vida ante nuestros ojos con extrañas formas premonitorias. Muchos creen ver altas torres de magníficos castillos donde sólo hay peñascos y bravos guerreros de tamaño inhumano que proyectan sombrías sombras sobre nuestras chozas. Son los soldados enemigos que alertan de un futuro muy cercano.

Los años transcurren y el rencor por la rendición vuelve a florecer. Los escasos mensajes clandestinos, llegados del otro lado, alientan a un ataque con la venida de las primeras nieves. Una nueva ofensiva va a comenzar y el arroyo teñirá nuevamente sus aguas con la sangre de los caídos. La peña con forma de bota, que limita nuestras tierras allí por donde se esconde el sol, no será más un símbolo de humillación sino de gloria y el yelmo, que mañana portaremos en el enfrentamiento, será evocado por nuestros hijos en recuerdo de nuestra valentía.

Fin de la guerra

Dos guerras e incontables muertos en ambos bandos llevan a firmar una tregua. La paz deseada unirá a uno de los tantos pueblos divididos por las luchas de poder y, así, los hermanos se reconciliarán, tal y como hiciera el patriarca José en Egipto o Jacob y Esaú. La tierra, que una vez les vio pelear, es ahora testigo de la creación de una alianza forjada en piedra: el Centinela, cual sabio guardián de la memoria, vigilará el camino recto del pueblo de la Pedriza y permanecerá para siempre en el punto exacto de su unión.

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