El regreso del sapo corredor: el anfibio que prefiere andar en lugar de saltar


Con la primavera a la vuelta de la esquina y tras un invierno lluvioso y húmedo, el escenario es perfecto para que uno de nuestros anfibios más inquietos salga de su escondite

Especiario
Por Carlos Gómez, estudiante de Ciencias Ambientales
Su nombre no es casualidad. A diferencia de otros anuros, en lugar de dar saltos, el sapo corredor se desplaza caminando o incluso corriendo. Debido a que sus extremidades posteriores son relativamente más cortas que las del resto de sapos y ranas. Esta peculiar forma de moverse le permite recorrer largas distancias y colonizar nuevos territorios con sorprendente facilidad.

Gracias a esta capacidad, el sapo corredor ocupa una amplia variedad de hábitats. Puede sobrevivir en zonas bastante secas siempre que disponga de alguna charca donde reproducirse, mostrando preferencia por ambientes mediterráneos como encinares, sabinares o pinares sobre suelos arenosos. Se trata de un anfibio estrictamente nocturno. Durante el día permanece oculto bajo piedras, troncos o enterrado en galerías que él mismo excava.

La época de celo es, sin duda, cuando más fácil será encontrárselo. Los machos acuden en masa a las charcas reproductoras, desplazándose a veces cientos de metros desde sus zonas habituales de refugio o alimentación. Desde el anochecer y hasta bien entrada la madrugada, entonan su característico canto, un sonido potente y repetitivo que puede escucharse a gran distancia. No es raro que se produzcan pequeñas disputas entre machos para ganar espacio y protagonismo en la charca.

Sapo corredor.

Aunque se trata de un anuro bastante característico, puede confundirse con el sapo común ibérico, especialmente cuando este último presenta tonalidades verdosas u oliváceas. Sin embargo, el sapo común tiene el iris rojizo y carece de la inconfundible línea vertebral clara que recorre el dorso del sapo corredor, uno de sus rasgos más distintivos.

Amenazas
Como muchos otros anfibios ibéricos, el sapo corredor se enfrenta hoy a numerosas amenazas, como por ejemplo la pérdida y fragmentación de su hábitat, la introducción de especies invasoras, la contaminación y degradación de charcas y humedales, el abandono de la agricultura tradicional o el uso excesivo de pesticidas.

Como muchos otros anfibios ibéricos, el sapo corredor se enfrenta hoy a numerosas amenazas

A todo ello se suman los llamados efectos trampa y los atropellos, especialmente frecuentes en una especie que se desplaza tanto como esta, que recorre largas distancias durante sus desplazamientos nocturnos, sin embargo, quizá una de las amenazas más injustas, sigue siendo la muerte directa a manos del ser humano, alimentada por viejas creencias y miedos infundados.
Lejos de ser animales peligrosos o dañinos, los sapos corredores son completamente inofensivos, siendo además aliados silenciosos del ecosistema, grandes consumidores de insectos, controladores de plagas y excelentes indicadores de la salud ambiental.

Conocerlos mejor es, sin duda, el primer paso para dejar atrás su mala fama y aprender a convivir con ellos.

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