Entre sombras y robles: la vida del cárabo común


Si alguna noche has escuchado un ulular melancólico, seguido de otro algo más quebrado, lo más probable es que se tratara del cárabo común, la inconfundible voz de la noche

Especiario
Por Carlos Gómez, estudiante de Ciencias Ambientales
El cárabo común es una de las rapaces nocturnas más habituales del continente europeo y puede resultar relativamente abundante incluso en cerca de asentamientos humanos. Sin embargo, se trata de una especie estrictamente nocturna y, por ello, rara vez se deja ver. Es mucho más fácil detectarlo por sus ululatos, que emite únicamente durante la noche.

Estas vocalizaciones se vuelven especialmente frecuentes en la época de celo, entre enero y febrero. Durante este periodo, macho y hembra se comunican mediante un auténtico dueto nocturno, un espectáculo sonoro que puede escucharse si nos atrevemos a soportar las frías noches madrileñas de invierno.

También es posible sorprenderlo durante el día, descansando en el hueco de algún árbol viejo. Cuando esto ocurre, suelen ser los córvidos y pequeños paseriformes quienes delatan su presencia, acosándolo y armando un gran alboroto que el cárabo soporta con notable paciencia.

Descripción
El cárabo común es un búho de tamaño medio, con un cuerpo robusto y rechoncho, y una cabeza grande y muy redondeada que le da ese aspecto tan característico.

El cárabo común es un búho de tamaño medio, con un cuerpo robusto y rechoncho

Cuenta con un plumaje polimorfo, es decir, que dentro de una misma especie existen dos o más variantes de coloración del plumaje, llamadas morfos, que no dependen del sexo, la edad ni de la estación del año. El cárabo es un ejemplo clásico de polimorfismo cromático y presenta principalmente dos morfos: uno grisáceo, con tonos grises y pardos fríos, y otro rojizo, con una coloración más cálida dominada por marrones y tonos rojizos.

Cárabo común.

Hábitat y alimentación
Se trata de una rapaz nocturna estrictamente forestal, con clara preferencia por los bosques caducifolios maduros. Los viejos robledales, que suelen ofrecer grandes huecos en los troncos para refugiarse y criar, constituyen su hábitat ideal. No obstante, también puede encontrarse en bosques de coníferas, siempre que existan árboles añosos que le proporcionen refugio.

En cuanto a su alimentación, el cárabo común es un depredador bastante generalista, capaz de adaptarse bien a la disponibilidad de presas en cada momento. Aun así, muestra una marcada predilección por los micromamíferos, como ratones, topillos o lirones. Su dieta se completa con aves de distintos tamaños, así como con anfibios, reptiles y grandes invertebrados.

Los ojos de las rapaces nocturnas
Un detalle curioso que puede darnos pistas sobre los hábitos de actividad de los búhos es el color del iris de sus ojos. Aunque no se trata de una regla estricta, existe una relación general entre la coloración del iris y el momento del día en el que estas aves suelen estar más activas.

Las especies estrictamente nocturnas, como el cárabo común, suelen presentar los ojos muy oscuros, casi negros, al igual que ocurre en la lechuza común. Por su parte, los búhos con hábitos más crepusculares suelen mostrar un iris de tonos anaranjados. Es el caso del búho chico o del imponente búho real, activos sobre todo al anochecer y al amanecer.

El cárabo común es un depredador bastante generalista, capaz de adaptarse bien a la disponibilidad de presas en cada momento

Finalmente, aquellas especies que toleran mejor la actividad diurna o que cazan con frecuencia durante el día presentan habitualmente iris amarillentos. Ejemplos de ello son el mochuelo europeo o el búho campestre. Es importante recordar que esta relación es una tendencia general y no una norma infalible, pero resulta una curiosa pista visual para entender mejor la ecología de estas fascinantes aves nocturnas.

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