Vuelta Ciclista a España


A propósito de la terminación de la penúltima etapa de la Vuelta Ciclista a España en el Alto de Guarramillas (Bola del Mundo)

el Mirador
Por Alfredo del Campo (Mountain Wilderness España)
He estado paseando por las cumbres, prados y laderas de la Sierra del Guadarrama y he oído cómo la montaña grita, llora de impotencia y de rabia. Me ha dicho que no entiende para qué tanto protegerla con planes, regulaciones y normativas que luego no se cumplen o se ignoran cuando hay otros intereses.

Me dice el monte que a él siempre le han gustado los deportistas que lo transitan, los montañeros que exploran sus zonas más recónditas, los alpinistas que suben a sus cumbres heladas, los escaladores que se cuelgan de sus roquedos, los esquiadores que se deslizan por sus laderas nevadas, los ciclistas, o aquellos otros que simplemente pasean disfrutando de su clima, de su aire, de sus paisajes.

Se quejaba de cómo todo esto se ha desbordado y ya no entiende por qué, a pesar los títulos con los que le agasajan, masas de personas le invaden -ya casi a diario- con actividades que le rompen el alma.  «¿Es que no entienden», me dice, «que soy frágil y que pequeñas alteraciones pueden provocar el derrumbe de lo que yo puedo darles, de mis valores y de mis recursos?».

«El monte me ha dicho que no entiende para qué tanto protegerla con planes que luego no se cumplen o se ignoran»

Me cuenta que está previsto realizar un fin de etapa de una Vuelta Ciclista en una de sus cumbres más míticas y emblemáticas: La Bola del Mundo, aunque ahora ahogada por unas viejas estaciones de esquí, por todo tipo de materiales y ya dada por perdida. Teme el monte -y no sin razón, le digo yo- que estas concentraciones de miles de personas y de vehículos, inunden de basuras y de plásticos que, indefectiblemente, esparcirá el viento por todas sus laderas, hasta ahora cubiertas de brezos y piornos.

También habrá ruidos que espantarán cualquier atisbo de fauna salvaje. Le he oído decir que ya no anidan ni crían las águilas en sus bosques, ni los buitres en sus roquedos porque les han hurtado la paz necesaria para ello… ni el zorro, ni la garduña, ni las ardillas. Le duele que se envenenen sus fuentes y sus aguas cristalinas y que se destroce la frágil flora de sus alrededores. Antes de estas concentraciones masivas, no se había observado tanto el daño causado por la erosión en los suelos cercanos a pistas y carreteras llenas de vehículos, ni por las pisadas en zonas frágiles.

Protesta durante una ascensión ciclista a la Bola del Mundo.

Pero sobre todo le oigo decir que teme por el peligro de incendio, que la más mínima imprudencia, acabaría en un instante con lo que le ha costado miles de años. También por la seguridad de los visitantes, esos miles de personas que acuden al evento, algunas de ellas sin el comportamiento deseable o el respeto por el medio natural. Cuando todo acaba, nos vamos y se queda solo con la desolación. Las promesas de limpieza y restauración -a las que obliga las normas- son muy limitadas y se producen tarde, mal o nunca, y que hay daños irreversibles como la contaminación química, acústica, la dispersión de plásticos o la erosión de suelos.

Aunque no lo dice, yo lo sé. Lo que peor lleva es que digan que es un modelo de protección y de conservación (hay honrosas actuaciones llevadas a cabo que sirven como excepción).  «Ahora me doy cuenta», dice el pobre, «que llamarme Parque Nacional o Regional, no era sino una etiqueta, una marca, para venderme a todo aquel que quiera comprarme».

«Teme por el peligro de incendio, que la más mínima imprudencia, acabaría en un instante con lo que le ha costado miles de años»

En efecto, le dije yo, de eso se trataba, La Vuelta a España con fin de etapa en tu cumbre, no es sino una más de esta barbarie: carreras, conciertos, multiaventura, gastronomía, turismo masivo, millones de visitantes, especulación urbana etc., todo lo que sirva para obtener beneficios para los accionistas y Consejos de Administración de multinacionales, en connivencia con las Administraciones públicas, ayuntamientos y Comunidades Autónomas, siempre en el filo de la legalidad y aun a costa de explotar, hasta su extinción, todas las cosas que tú nos das.

Cuando termino mi paseo por el monte le oigo decir: «Si pudiera volver a ‘entonces’ trataría de enseñar mis valores a más gente, enseñaría respeto, cuidados, esfuerzo, compañerismo… amor por las montañas. Pero ya ven, parece que me estoy muriendo, como mis amigos los glaciares. Estoy afectado por el mal del dinero, y se extiende como una metástasis por otras montañas hermanas. ¿Nadie va a hacer nada?».

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