
En nuestros días, la agricultura necesita tecnología para realizar el seguimiento de los cultivos
el Mirador
Por Maksym Sushchuk, periodista
En los últimos tiempos, los retos a los que se enfrenta la agricultura se han aumentado. Ya no basta con hacer frente a la demanda de alimentos ante una población mundial al alza, también es esencial hacerlo al mismo tiempo que se preservan los recursos naturales y se reduce el impacto medioambiental de la propia agricultura.
Aunque pueda parecer sorprendente, la agricultura tradicional e intensiva es una de las principales fuentes de emisión de gases de efecto invernadero (GEI). Si bien es cierto que la agricultura de precisión está ganando terreno cada vez de forma más rápida, y el uso de un servicio de monitoreo de cultivos para agricultores consigue revertir muchas de estas prácticas nocivas, también es cierto que la adopción de la agricultura digital está todavía lejos de alcanzar el 100%.
Principales efectos negativos de la agricultura en el medioambiente
Muchas de las prácticas más usadas en la agricultura tienen un efecto perjudicial para el medioambiente, principalmente debido al interés por lograr la mayor producción de alimentos posible. Para conseguir esto, los agricultores no escatimaban en recursos y productos, con devastadoras consecuencias a medio y largo plazo. Entre las técnicas de la agricultura intensiva más destructivas del medioambiente están el uso de productos químicos, el regadío y determinadas técnicas, como la labranza.
Muchas de las prácticas más usadas en la agricultura tienen un efecto perjudicial para el medioambiente
Los productos químicos, como fertilizantes y pesticidas, son una forma rápida de aumentar la disponibilidad de nutrientes para las plantas o de eliminar plagas, respectivamente. Sin embargo, su uso constante e indiscriminado daña los ecosistemas terrestres y acuáticos. No sólo influyen las posibles escorrentías de estos productos en las masas de agua cercanas; en el caso de los fertilizantes sintéticos, son complicados de digerir por los microorganismos del suelo y su uso genera un efecto de dependencia cada vez más fuerte. Así pues, la dosis de fertilizante se incrementa con el paso del tiempo hasta llegar a un punto en el que su aplicación no tiene ninguna utilidad.

En el caso del riego, la industria agrícola mundial es responsable de cerca del 70% del consumo humano de agua dulce. Muchos agricultores aplican el riego uniformemente por el campo sin tener en cuenta las necesidades reales de las plantas, provocando un desperdicio de agua que lleva a una sobreexplotación y posterior agotamiento de acuíferos, sistemas fluviales y aguas subterráneas. En lo que respecta a la labranza, esta técnica destruye y voltea las capas del suelo, expulsando el nitrógeno retenido en ellas a la atmósfera. Otras técnicas, como la quema de residuos de cultivos o el uso de combustibles también contribuyen a estas emisiones.
¿Qué significa exactamente agricultura sostenible?
La agricultura sostenible es una nueva forma de cultivar que no daña el medioambiente y hace un uso responsable de los recursos naturales para no perjudicar a las generaciones futuras. Esta nueva variante no solo se preocupa por lo que sucede en la propia explotación agrícola, también en el ecosistema que la rodea.
No obstante, el término sostenibilidad sigue siendo poco claro y puede implicar diferentes cosas en función del interlocutor y de las expectativas. Al no existir normas específicas ni procesos definidos para considerar una forma concreta de cultivar como sostenible, las políticas sostenibles entre países pueden diferir ligeramente.
La agricultura sostenible es una nueva forma de cultivar que no daña el medioambiente
En cualquier caso, hay determinados componentes principales ya aceptados como necesarios para una producción sostenible de alimentos. Estos son la satisfacción de las necesidades humanas de alimentos y fibra, la viabilidad económica de las explotaciones, un uso más eficiente de los recursos no renovables y la integración de procesos biológicos naturales cuando sea posible, una mejora de la calidad medioambiental y la mejora de la vida de los agricultores y la sociedad en general.
Software agrícola, el motor de la sostenibilidad en la agricultura
Los sistemas modernos de agricultura son más complejos que los usados en la agricultura tradicional. Principalmente, la agricultura moderna depende de la tecnología y de una gran cantidad de información para llevar a cabo el seguimiento de los cultivos. Es ahí donde entra en juego el software agrícola.
El software de gestión y monitoreo de campos agrícolas es capaz de aglutinar toda la información recogida por sensores, satélites, drones, etc., y usarla en análisis avanzados para determinar el estado del suelo y de los cultivos. Solo así es posible entender cuáles son las necesidades reales de las plantas y aplicar insumos en consecuencia mediante la tecnología VRA (aplicación de tasa variable). La creación de un mapa de cultivos sirve como guion que puede cargarse en la maquinaria agrícola inteligente para que la aplicación sea solo la necesaria y en la zona indicada.

Asimismo, el software agrícola moderno también dispone de otras funciones muy útiles para los agricultores, como un calendario de programación de tareas, información meteorológica, evaluación del rendimiento actual y predicción del rendimiento que se obtendrá al final de la temporada o gestión de la maquinaria y el inventario.
El software de gestión y monitoreo de campos agrícolas es capaz de aglutinar toda la información recogida por sensores, drones, etc.
Estas y otras funciones específicas de cada programa permiten a los agricultores reaccionar rápidamente ante cualquier problema, reducir su impacto medioambiental, optimizar el uso de insumos, reducir los costes mientras mantienen el rendimiento de sus cultivos y, en definitiva, mejorar la gestión de su explotación.
La tecnología ya es una parte vital dentro de la agricultura moderna y el software agrícola es la pieza central en el sistema de gestión y monitoreo de cultivos. A medida que tecnologías como la IA, el aprendizaje automático o la cadena de bloques se integren en estas herramientas de software, los agricultores mejorarán todavía más si cabe sus prácticas, haciéndolas más sostenibles y precisas.















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