Modelando el paisaje

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Como bien decía Antonio Gaudí: “La línea recta pertenece al hombre, la curva a Dios” 

Objetivo: revertir la degradación
Por Lara Redondo González. Bióloga
Es difícil pensar en una actividad humana sobre el territorio, no recreativa, que no implique mover tierra o realizar cambios fundamentales en la cubierta vegetal. Tales cambios, reemplazan ecosistemas que una vez contribuyeron a generar suelos fértiles con otros que no lo hacen.

Las actividades mineras mal planeadas transforman altamente el paisaje y sus procesos («on-site effects») (aunque hoy en día, es inviable pensar en mantener nuestro nivel de vida sin este sector), generando efectos aguas abajo («off-site effects»). Por ejemplo, el río Tajo recibía vertidos de minas abandonadas sin medidas de control de la erosión ni restauración. Para dar solución a este problema, se desarrollaron soluciones científicas y tecnológicas como la restauración geomorfológica.

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Río Tajo recibiendo vertidos de minas abandonadas, sin medidas de control de la erosión ni restauración (nótese el exceso de sedimentos).

¿Qué es la restauración geomorfológica?
La restauración geomorfológica consiste en diseñar y construir topografías estables que contengan elementos naturales (redes de drenaje y laderas convexo-cóncavas). Ya que no podemos imitar a la perfección las formas del terreno originales, intentemos restaurar una topografía funcional con los nuevos materiales, que nos provea de numerosos bienes y servicios ecosistémicos.

Por ejemplo, la tónica general a la hora de construir taludes de carretera suele ser dejarlos lo más lisos posible («business as usual»), sin ningún tipo de rugosidad que pueda ser ‘visualmente no atractivo’. ¿Qué consecuencias tiene esto? Inestabilidad de las laderas lo mires por donde lo mires, lo que puede conducir a la formación de regueros, cárcavas… Una serie de formas erosivas que aumentarán los costes de mantenimiento año tras año.

Ejemplo de restauración geomorfológica en España (Proyecto LIFE RIBERMINE)
Junto a mis compañeros del Máster en Restauración de Ecosistemas, tuve la suerte de realizar una visita a las minas Santa Engracia (Peñalén, Guadalajara) y El Machorro (Poveda de la Sierra, Guadalajara). Estar a pie de campo, nos permitió ver varias tipologías de restauración de espacios afectados por movimientos de tierras.

En las adyacencias del Parque Natural del Alto Tajo (futuro Parque Nacional), se encuentran las minas mencionadas anteriormente, de las cuales se extraía el caolín, un mineral de alto valor económico, ya que con él se fabrica porcelana de alta calidad.

La restauración geomorfológica juega un papel fundamental a la hora de conseguir la viabilidad de estas minas en un futuro, pudiendo ser compatibles con la conservación de este espacio. Dos factores reinan en este caso: su localización, ya que estas se sitúan en el borde de la paramera, llegando a un corte vertical de casi 400 m. Este enclave geomorfológico, hace que los materiales sean muy erosionables, lo que dificulta su restauración. Y, por otra parte, la integración biológica y visual. Conseguirlo será decisivo para revertir la opinión social desfavorable hacia la minería.

«La restauración geomorfológica es fundamental para conseguir la viabilidad de estas minas en un futuro, pudiendo ser compatibles con la conservación de este espacio»

En el día de hoy, me centraré en la restauración de la mina Santa Engracia y sus escombreras asociadas, enmarcada dentro del Programa Life: ‘Recuperación de hábitats fluviales de agua dulce mediante restauraciones ecológicas mineras, de base geomorfológica, en la Península Ibérica’, LIFE RIBERMINE (LIFE18 ENV/ES/000181).

El proyecto, que finalizará en marzo de 2024, tiene por objetivo principal mejorar la calidad de las aguas (las cuales bañan un total de seis provincias, entre ellas, Madrid) y los ecosistemas fluviales del río Tajo. Para estabilizar las escombreras y frentes de Santa Engracia, e integrar esta antigua zona minera en el paisaje circundante, se siguieron las siguientes técnicas de restauración:

  • Primero, se buscó asegurar la estabilidad del terreno, mediante estudios geotécnicos y la construcción de “zanjas drenantes”. Para garantizar la estabilidad ante la erosión, se restituye la organización hidrológica anterior a la mina, recuperando los barrancos, drenajes y divisorias originales.
  • Se construyeron relieves estables, de lomas y vaguadas, similares a los paisajes naturales del entorno. Este remodelado topográfico, se consigue aplicando para ello métodos pioneros en el campo de la restauración y modelación geomorfológica (GeoFluv Natural Regrade, Talud ROYAL® y SIBERIA).
  • La revegetación, está enfocada a establecer comunidades forestales de pino laricio y quejigo, además de crear nuevos hábitats para la flora y fauna. Primero, mediante la siembra de herbáceas (en zonas de mucha pendiente, protegidas con una malla biodegradable de coco, donde se siembra el trigo. Este una vez seco, se tumbó para mantener la humedad: método acolchado-semillado) y matorrales, y posteriormente, mediante la plantación de árboles y arbustos.

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Mina Santa Engracia antes de la restauración (2019) (izda.) y después de las primeras acciones restaurativas (2022) (dcha.).

Como conclusión, puedo confirmar que ver las labores en directo fue una experiencia única en la que poder plantearnos nuestros propios prejuicios acerca de la industria minera, además de sentirnos partícipes de un proyecto innovador, con mucho futuro por delante. Os recomiendo mirar la página web del proyecto, para que no os perdáis sus actuaciones estos años.

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