El marqués de Santillana, su poesía, y su serranilla en Navalagamella
Milenaria
Por Jaime Sanz Burdiel
En éste artículo continuamos con las famosas serranillas de Íñigo López de Mendoza (1398-1458). También conocido como el marqués de Santillana, heredó una considerable fortuna de sus padres y participó en guerras civiles contra Álvaro de Luna y contra los musulmanes, cumpliendo así las dos grandes cualidades tan conocidas que debía tener el hombre renacentista: caballero de armas y de letras.
En dichas batallas sufrió graves heridas, retirándose a distintas cortes hasta que muere. Se distinguen tres periodos en su poesía: Señor de Hita y de Buitrago; influenciado por Enrique de Villena, autor de Los doce trabajos de Hércules, El arte de trovar… Empieza a despuntar como poeta. Señor de la Vega; busca perfeccionar la forma y trata temas más profundos y filosóficos.
Y por último se distingue su madurez poética, en la que busca una forma más sobria, filosofía estoica, alejarse de lo material y acercarse a la razón. Comparte protagonismo con su amigo y discípulo Juan de Mena, quién llegará a superarle como poeta y a escribir Laberinto de Fortuna.
«En dichas batallas sufrió graves heridas, retirándose a distintas cortes hasta que muere»
Sus diez serranillas de arte menor pertenecen a su primera etapa como poeta, a continuación la serranilla IV, cuyas andanzas ocurren en los pinares del Val de la Gamella, Navalagamella actualmente.
Serranilla IV
Por todos estos pinares
nin en el Val de la Gamella,
non ví serrana más bella
que Menga de Mançanares.
Desçendiendol yelmo á yusso,
contral Bovalo tirando
en esse valle de susso,
ví serrana estar cantando:
saluéla, segunt es uso,
é dixe: «Serrana, estando
oyendo, yo non m’excuso
de façer lo que mandáres.»
Respondióme con uffana:
«Bien vengades, cavallero;
¿Quién vos trae de mañana
por este valle señero?
Ca por toda aquesta llana
yo non dexo andar vaquero,
nin pastora, nin serrana,
sinon Pasqual de Bustares.
«Pero ya, pues la ventura
por aquí vos ha traydo,
convien en toda figura,
sin ningunt otro partido,
que me dedes la çintura,
ó entremos á braz partido;
ca dentro en esta espessura
vos quiero luchar dos pares.»
Desque ví que non podía
partirme dallí sin daña,
como aquel que non sabía
de luchar arte nin maña,
con muy grand malenconía.
Arméle tal guadamaña
que cayó con su porfía
cerca de unos tomellares.
En el próximo y último artículo sobre las serranillas de Santillana, las aventuras del marqués transcurrirán en la localidad serrana de Robledo de Chavela.
















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