Analizamos tres cuestiones en torno al espacio protegido que necesitan una solución urgente
Opinión de El Guadarramista
Por Jonathan Gil Muñoz (Director)
En las últimas semanas han salido a relucir algunos de los graves problemas que padece el Parque Nacional. El primero es la indiferencia hacia este espacio protegido que cunde en los vecinos de los pueblos que han quedado incluidos o en la periferia del Parque; otro, es el problema ambiental que subyace bajo la anunciada reducción de la cabra montés y el último tiene que ver con el turismo de masas que se está impulsando.
Que el Parque Nacional está trayendo poco o nulo beneficio a los pueblos afectados tiene su repercusión más tanto en la conservación del espacio protegido como en la economía rural. Si los habitantes de la Sierra no creen suyo el Parque Nacional y no ven que su creación trae consigo beneficios tangibles es que algo va bien. Y es que no se ha ‘indemnizado’ a los municipios por renunciar a aquellas prácticas que se venían realizando, algo muy prometido y que todavía no ha llegado.
«Si los habitantes de la Sierra no creen suyo el Parque Nacional es que algo va mal»
Luego viene la ‘caza controlada’ de la cabra montés. La población de este ungulado ha crecido tanto desde que fuera reintroducido que representa una amenaza para la flora del Parque Nacional. Es un problema que no se ha atajado a tiempo y que en realidad esconde otro de fondo: la falta de un depredador que controle su número, es decir el lobo. Un ecosistema que se pretende equilibrar artificialmente; un parche válido por un tiempo hasta que otra vez se dispare el número de la cabra montés.
«El problema de la cabra montés esconde otro, la falta de un depredador como el lobo»
Y por último tenemos la masificación del Parque Nacional. La razón de ser del Parque no es otra que la conservación de sus espacios naturales, a pesar de ello lo que se fomenta es convertirlo en otro Retiro o en un circuito de rallys. Pues no, no es ese el camino. Lo que se debe hacer es, además de ampliar la zona de máxima protección del Parque, es controlar el número de visitantes. Esa política de fomento del ‘consumismo de la Naturaleza’, es el mayor de los problemas para el Parque.
















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