El poema nacional de Chile

El poema nacional de Chile.

Esta gran composición de carácter épico dedica varias de sus estrofas a describir la Sierra, con especial atención a El Escorial

Milenaria
Jaime Sanz Burdiel

La araucana, que así se llama el poema nacional de Chile, está escrita por el español Alonso de Ercilla, un paje de Felipe II al que pidió permiso para ir a luchar a América. El rey de España le concedió el permiso y Ercilla luchó en Chile contra los araucos, y de esta conquista española tratan los 37 cantos de la composición.

Los versos de Ercilla se convirtieron en el mejor poema épico del siglo XVI, el cual gozó de gran éxito en la península Ibérica, tanto como una novela de caballería, tal éxito dio lugar a imitaciones. También es el poema épico más editado. Esta gran composición sigue los recursos de la épica, pero por otra parte también es innovador en primer lugar por tratar sobre sucesos históricos contemporáneos, y eso lo aleja de los cronistas.

Imagen de La Araucana.En segundo lugar por la ausencia de un héroe central, al describir, los araucanos son personajes más poéticos mientras que los personajes españoles son históricos, reales. En tercer lugar por la falta de unidad de acción, pues el autor a veces se dirige al rey, introduce elementos maravillosos, sueños…También es innovador por tener un exordio en cada canto, por usar la octava real, y por introducir algunos pasajes amorosos.

«Es innovador por tener un exordio en cada canto, por usar la octava real, y por introducir algunos pasajes amorosos»

Aquí están las estrofas, con especial dedicación a El Escorial, en el canto XXVII de la segunda parte, en el cual Ercilla se atreve a vaticinar con bastante acierto lo que será el gran monasterio que mandó construir Felipe II:

“Mira a Valladolid, que en llama ardiente
se irá como la fénix renovando,
y a Medina del Campo casi enfrente,
que las ferias la van más ilustrando;
mira a Segovia y su famosa puente,
y el bosque y la Fonfrida atravesando
al Pardo y Aranjuez, donde natura
vertió todas sus flores y verdura.

Mira aquel sitio inculto montuoso
al pie del alto puerto algo apartado,
que aunque le vees desierto y pedregoso
ha de venir en breve a ser poblado:
allí el Rey don Felipe vitorioso,
habiendo al franco en San Quintín domado,
en testimonio de su buen deseo,
levantará un católico trofeo.

Será un famoso templo incomparable
de sumptuosa fábrica y grandeza,
la máquina del cual hará notable,
su religioso celo y gran riqueza.
Será edificio eterno y memorable,
de inmensa majestad y gran belleza,
obra, al fin, de un tal rey, tan gran cristiano,
y de tan larga y poderosa mano.”

 

 

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