Los ranchos de esquileo serranos

Casa de esquileo del Marqués de Perales en El Espinar.

Dedicaremos algunos capítulos a recorrer con fotografías los bienes materiales en ruinas que salpican la geografía serrana

‘Instantes’
Por Mar Pinillos y David Martín
www.tenadadelmonte.es    info@tenadadelmonte.es

El pasado capítulo de ‘Instantes’ hicimos una pequeña ‘entradilla’ sobre los ‘Tesoros etnográficos’ de nuestro patrimonio. Pero para ser justos con ellos, queremos profundizar en su historia y la belleza de sus ruinas en las siguientes entregas de esta sección, realizando una especie de recorrido por ellas sirviéndonos de las fotografías de estos bienes materiales dejados al más ruín de los destinos: el olvido. 

Cañada.En este capítulo vamos a retroceder en el tiempo, al siglo XVIII concretamente, cuando alrededor de cinco millones de cabezas lanares transitaban por la red de Cañadas del Reino. De esa época son todos los restos de esquileos que podemos observar en muchos de los pueblos serranos de la vertiente segoviana. Tan sólo uno se conserva en pie, tal y como era en el Siglo de las Luces, el de Cabanillas del Monte, declarado Bien de Interés Cultural.

Estos esquileos están conectados con la Cañada Real Soriana Occidental por medio de cordeles y veredas, por lo que podremos aprovechar nuestros paseos fotográficos por estas vías pecuarias para poder visitarlos y hacernos una idea completa de esta importante actividad económica.

Casa de esquileo de El Espinar.Una industria del pasado

Nos llamarán la atención, cuando nos acerquemos a las ruinas de estos establecimientos, las soberbias estructuras que resisten el paso del tiempo, más aún teniendo en cuenta que estos edificios se utilizaban como máximo durante un mes o mes y medio, cuando se hacían las operaciones de esquileo. Impresionantes escudos delatan que eran propiedad de Órdenes Religiosas, como el del Paular en Trescasas y de grandes ganaderos y famosos aristócratas avecindados en Madrid, como es el caso de uno de los esquileos de El Espinar, el del Marqués de Perales.

«Impresionantes escudos delatan que eran propiedad de Órdenes Religiosas, como el del Paular en Trescasas»

Sin embargo, la industria pañera no dependía de los grandes esquileos, sino de los pequeños hatos de los pueblos serranos, merinas transtermitantes en lugar de trashumantes de las provincias de Segovia y Ávila. Las grandes instalaciones estaban concebidas para la exportación, ya que se trataba de muchos millares de ovejas y mucha lana a procesar, con dependencias específicas para cada parte del proceso.

Ruinas del esquileo de Tres Casas.Como hemos dicho, lamentablemente la mayoría son ruinas invadidas por urbanizaciones, aprovechados sus muros como paredes de las nuevas construcciones. Este es el caso del esquileo de Ortigosa del Monte y el del Paular, en Trescasas. En este último todavía se puede acceder a algunas de las impresionantes dependencias, como esta nave de secado de lana, donde aún se pueden distinguir inscripciones de los trabajadores.

La joya de la corona; el esquileo de Cabanillas de la Sierra

Pero si hay un lugar en el que este pasado lanero ha quedado ‘congelado’, es el citado esquileo de Cabanillas del Monte. Tan sólo se echan de menos los encerraderos que debían rodear el edificio, pero entrar en su interior es una experiencia muy recomendable, un viaje a la época de esplendor de la trashumancia.

«El esquileo de Cabanillas del Monte ha quedado ‘congelado’ en el tiempo»

Esquileo de Cabalillas.El complejo conserva todas sus dependencias casi intactas: el rancho o nave de esquileo donde los esquiladores y pastores dejaron su impronta en los muros, con dibujos motivos jocosos, nombres y fechas, el bache o sudadero, las lonjas o almacenes de lana, la puerta de salida del rancho a la peguera, la Casa de los Señores, donde vivían los propietarios y parte del personal durante el esquileo y la capilla u oratorio donde el capellán oficiaba misa los domingos y días de fiesta para los esquiladores y demás trabajadores. En definitiva, una evocadora visita para conocer de cerca este legado de nuestra historia.

Y es que, como dice Ángel García Sanz en su libro “Esquileos y Lavaderos”, casi todos los esfuerzos de protección y conservación han ido a parar a iglesias, ‘vestigios de la vida espiritual’, pero poco se ha hecho por conservar y respetar estas instalaciones que representan la época más floreciente de la economía serrana y son testimonios de la ‘vida material’.

 

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