Los Hoyos carpetanos

El glaciarismo de la Sierra de Guadarrama ha dejado huellas limitadas y espaciadas en formas sobre todo de circos

`el Mirador´
Por Eduardo Martínez de Pisón, Catedrático de Geografía Física de la UAM
http://www.castellarnau.org

Estos circos están bien esculpidos en sus cordales cimeros. Las más conocidas son las de su pico más elevado, Peñalara, sobre todo en su vertiente madrileña, donde se concentran varios circos bien tallados y unas morrenas muy marcadas con arcos yuxtapuestos que indican las posiciones de los frentes de hielo en varias fases durante el máximo y la retirada de tales glaciares.

Pero tanto en el cordal de los Montes Carpetanos, que prolongan Peñalara hacia el Puerto de Navafría y algo más incluso, como en la Cuerda Larga, hay otros circos glaciares bien definidos en las formas de la Sierra. Hasta en Siete Picos hay excavado un nicho menor contemporáneo de esos circos del Pleistoceno superior.

Desde el excelente mirador del Monumento al Guarda Forestal se pueden observar, dominando el Valle de Lozoya por encima de robledos y pinares, algunos de esos circos de la vertiente oriental de los Montes Carpetanos, con su espaldar apoyado en la cuerda culminante, que presenta perfiles alomados por encima de los 2.000 metros de altitud. Si la nieve subraya las formas rocosas su dibujo es más nítido.

Son los `hoyos´ que muerden la sierra con nombres tan expresivos de su forma de origen glaciar como Hoyo Cerrado, colgado sobre la ladera en un rellano a sotavento, con un arco morrénico bien construido que llega a los 1.640 m. de altitud. Le sigue inmediato, también colgado junto a la cuerda, el Hoyo Poyales y más allá nuevos nombres elocuentes de las formas en circo como La Redonda, El Calderón y Las Calderuelas, con sus accidentes internos y sus morrenas, las Poyatas (que son tres circos y un nicho en abanico) y el conjunto de Los Pelados.

Este último conjunto es algo especial, pues asciende algo la cota del cordal cimero hacia el Pico del Nevero (nombre también expresivo) y por su orientación más marcada hacia el sureste, en los circos del estupendo Hoyo Borrocoso, del nuevo Hoyo Cerrado, del de Peñacabra, el del Nevero propiamente dicho y el del Hoyo Grande, entre otras formas derivadas del hielo y de la nieve. El Cerrado, el Borrocoso y Peñacabra son los mejores, aunque el Nevero, más atenuado, tiene el encanto de su lagunilla y sus praderas de altitud.

La visión de cualquiera de ellos desde la loma culminante es impactante por el buen desarrollo de sus formas de excavación, su roquedo vivo, sus escarpes y los piornales que los enmarcan, pero recorrerlos por su interior transporta a los paisajes propios de alta montaña. Sin embargo, el más modesto circo de El Nevero lo tiene todo, la cumbre guijarrosa, la pared trasera, su retención lagunar, el torrente que brinca, sus morrenas bien dibujadas, con fases de repliegue del hielo. ¿Qué más se puede pedir que mirar el paisaje y leer allí, condensados, los milenios que esculpieron las cumbres del Guadarrama?

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