Las Mujeres Rientes de Robledo de Chavela

Si paseas de noche por la roca de El Lisadero las puedes oír; son las risas de las doncellas de Robledo de Chavela que durante el crepúsculo realizaban sus rituales

`De leyenda´
Por Rosa Alonso

Escamas de lamprechuela, piel de tejón, plumas de águila imperial y rocío de la flor de la jara, entre otros, son algunos de los elementos que la Sierra de Guadarrama ofrecía a las mujeres de Robledo de Chavela para la preparación de pociones y conjuros.

Invocaciones y posesiones

Existe un pequeño claro en un pinar de Robledo de Chavela donde las brujas, que vivieron en la comarca hace más de dos siglos, realizaban en secreto sus rituales. Por diversión y dinero, las mujeres ataviadas con riguroso negro se reunían alrededor de un caldero, donde el fuego y la oscuridad creaban una atmósfera de magia y misterio.

Siempre que la paga fuera buena, las doncellas escenificaban convulsas e incansables danzas para sus clientas: generalmente mujeres opulentas de la ciudad, desesperadas por encontrar una solución a sus males. Una vez desposeídas de todo atuendo y con las manos extendidas al aire, las hechiceras bailaban hasta el amanecer al son de cánticos profanos. Con ellos, fingían atraer a los amores deseados, conferir o desposeer de buena suerte y otorgar el don de la eterna juventud.

El caldero, espectador inanimado de la escena, hervía incansablemente el agua, esperando los ingredientes que transformaran el contenido en extraordinarios brebajes. En su interior no podían faltar un par de plumas de rapaz, un fragmento de piel de culebra o el corazón de un bovino sacrificado, a los que se añadía una gota de sangre de la creyente.

En ocasiones, las peticiones no discurrían por el mundo terrenal sino que solicitaban comunicación directa con los muertos. Entonces, el espectáculo era distinto, pues la propia bruja fingía ingerir la poción elaborada y, supuestamente poseída por el espíritu del desdichado finado, dar respuesta a las preguntas realizadas. Por supuesto, las invocaciones y las posesiones ilusorias finalizaban con la entrega del precio pactado.

Justicia poética

La desaparición de aquellas mujeres no llegó por un cambio de mentalidad de la población, una revelación divina o por una caza de brujas con juicio incluido. El trágico final de las embaucadoras ocurrió una noche en el claro en plena invocación: una a una, se dice que atraídas por el fuego del caldero, olvidaron desposeerse de la ropa y al acercarse demasiado se prendieron fuego.

Sus cuerpos quemados fueron esparcidos por el pinar para que sirvieran de nutriente natural a la vegetación y sus huesos se trasladaron junto a la piedra de El Lisadero como advertencia, ya que entonces marcaba el límite de la localidad. Dos cementerios improvisados en los que, desde entonces, las risas de aquellas mujeres se escuchan con insistencia. Quizás, sólo quizás, las brujas no fueran unas impostoras.

Una respuesta a “Las Mujeres Rientes de Robledo de Chavela

  1. Me gusta mucho la sección De Leyenda y el Baul, pero hecho de menos algo que hable sobre historias de la sierra, de todas formas bravo por vuestro trabajo

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