Aprender (y educar) en plena naturaleza

huerto-escolar
Cada vez son más los colegios que incorporan en sus planes educativos actividades que se desarrollan en contacto con el entorno natural 

Opinión de El Guadarramista
Por Jonathan Gil Muñoz (Director)
Durante más de medio siglo, la Institución Libre de Enseñanza defendió en España un modelo pedagógico diametralmente diferente al que imperaba sin discusión en nuestro país a pesar de sus muchas carencias y de los nuevos modelos que poco a poco iban ganando peso en otros países de nuestro entorno. Con el gran Francisco Giner de los Ríos a la cabeza, los niños y niñas que tuvieron la suerte de estudiar en la Institución hasta su disolución en 1939, fueron educados de una manera diferente tanto en las aulas como fuera de ellas, ya que esta entidad, puso especial énfasis en que los escolares estuvieran en contacto con la Naturaleza.

«La Institución Libre de Enseñanza defendió en España un modelo pedagógico diametralmente diferente al que imperaba»

Partiendo siempre de esta primera experiencia pedagógica en nuestro país, desde hace un tiempo asistimos a la proliferación de las denominadas ecoescuelas en multitud de puntos de nuestra geografía, incluida la Comunidad de Madrid, como no podía ser de otra manera. Estos centros ponen como epicentro de su modelo educativo todo lo relacionado con el medio ambiente, desde el que se llega a las áreas previstas por ley en el itinerario docente. Un cambio de paradigma que va ganando terreno, especialmente en las áreas rurales donde es más fácil compaginar las clases ordinarias entre cuatro paredes con las que tienen lugar a cielo abierto y en plena naturaleza.

Niños realizando diferentes actividades. (Foto: Bailando con Burros).

Con este panorama, se hacen necesarios estudios y trabajos que permitan desarrollar un día a día al natural, poder decirlo de alguna manera, tanto a los docentes de las ecoescuelas, como a los que realizan su labor en el resto de centros. En este sentido, recientemente ha salido a la luz una obra que sin duda está llamada a ser una referencia en este campo. Editado por La Traviesa Ediciones, La escuela a cielo abierto recoge 200 actividades para educar al aire libre a niños de entre 4 y 12 años y que se presentan agrupadas en torno a las asignaturas que se imparten en los colegios: lengua, matemáticas, ciencias naturales, etc. Maravillosamente bien ilustrado y explicado, las tres autoras del libro, en el que también ha participado la Fundación Silviva, firman un manual escolar único para enseñar y educar fuera de las aulas en cualquier época del año.

«Se hacen necesarios estudios y trabajos que permitan desarrollar a los docentes de las ecoescuelas un día a día al natural»

Además de mostrar a los niños la simetría con las hojas, o las letras que forman el abecedario con elementos del entorno, siguiendo este manual los escolares van a recibir una educación basada en el respeto a la naturaleza, es decir, se van a poner las bases éticas y morales de las generaciones futuras, esas que están llamadas a liderar un cambio de paradigma en nuestra relación con el medio ambiente. Una cuestión tan importante que debería hacernos reflexionar sobre el modelo educativo actual, donde los niños apenas conocen, salvo excepciones, los tesoros naturales que los rodean. Así, superadas ampliamente aquellas posiciones contrarias a las ecoescuelas, toca que las Administraciones públicas las apoyen transformando y adaptando los centros públicos o con subvenciones, tal como hacen con los centros concertados o privados.

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