Las consecuencias de la gran nevada


¿Cómo ha afectado ‘Filomena’ a nuestra fauna

Naturaleza al descubierto
Por Jorge Ortiz González, EIMA Escuela de Medio Ambiente y Alicia Page Quicios, bióloga
Desde familias enteras esquiando por la Gran Vía a retroexcavadoras limpiando las calles de Madrid. La nevada nos ha traído infinidad de imágenes inolvidables. Sin embargo, también hemos visto consecuencias devastadoras. Las más impactantes en las zonas verdes, donde muchos árboles han sucumbido ante el poder de la nieve al no estar adaptados a estas condiciones extremas. Otras consecuencias pasan más desapercibidas. ¿Cómo ha reaccionado la fauna a la borrasca del siglo? En este artículo, recopilaremos algunas de las adaptaciones más curiosas de la fauna madrileña.

«La nevada nos ha traído infinidad de imágenes inolvidables. Sin embargo, también hemos visto consecuencias devastadoras»

Muchas aves y mamíferos que se ven expuestos a frío y poco alimento pueden recurrir a una estrategia muy conocida, la hibernación. Sin embargo, la llegada repentina de esta borrasca no ha favorecido la preparación, a veces de meses, para este largo periodo de inactividad. ¿La solución? El torpor. Al igual que la hibernación disminuye la temperatura del cuerpo para reducir el gasto energético, sin embargo, se distingue de ésta por el tiempo de duración. Los estados de torpor duran menos de 24 horas, lo que permite al animal seguir con su búsqueda de alimento pero reduciendo su gasto energético. Esto no implica que si las condiciones son desfavorables estos estados de torpor se encadenen como en el caso del oso.

Huellas de ratón (probablemente de campo) entrando y saliendo de su refugio. Foto: Jorge Ortiz González y Alicia Page Quicios.

Los carnívoros, como el oso y el tejón, a pesar de que habitualmente son considerados como hibernantes, no son auténticos hibernantes. Estos animales mantienen su temperatura corporal muy alta durante los episodios de torpor, alrededor de 28 ºC, contrastando con el mísero 1ºC que alcanza el lirón careto durante su hibernación. Estudios recientes muestran que, en España, los tejones tienden a no tener un episodio de letargo prolongado, a no ser que las condiciones sean altamente desfavorables para la búsqueda de alimento. Podríamos llegar a pensar que los tejones esperarían la retirada de la nieve aletargados en el interior de su madriguera, sin embargo no han sido pocas las huellas de este animal que han podido verse estos días de nieve. Lo que significa que, o bien la duración de su letargo ha sido reducida, o no han necesitado de este recurso para sobrellevar la nevada.

«El oso y el tejón, habitualmente considerados como hibernantes, no son auténticos hibernantes«

Otra gran estrategia que ha permitido la supervivencia de nuestra fauna es el almacenamiento de comida, como es el caso del ratón de campo. Desde troncos caídos hasta debajo de rocas, estos pequeños roedores acumulan alimento en zonas concretas a modo de despensa. La nieve podría haber supuesto un problema, sin embargo, son animales de recursos. En caso de que no pudiesen acceder de primeras a sus despensas, podrían haber llegado hasta ellas cavando en la nieve, haber buscado recursos en nuevas zonas o podrían haber adaptado su dieta a la disponibilidad del momento. Sin embargo, a día de hoy no hemos encontrado datos que avalen todas nuestras hipótesis. Otros roedores como son los las ratillas y topillos, también han adaptado sus estrategias a la acumulación de nieve. Las ratillas o topillos superficiales, como el topillo campesino, han podido generar una red de galerías por encima del suelo para alimentarse de hierba, sus hermanos de hábitos subterráneos, como los topillos mediterráneos, viéndose protegidos por la nieve, han aumentado la superficialidad de sus galerías, lo que permite que, una vez se haya derretido la nieve, las galerías queden total o parcialmente expuestas.

Galerías de topillo bajo la nieve. Foto: Jorge Ortiz González y Alicia Page Quicios.

Los animales con una mayor capacidad de desplazamiento pueden realizar migraciones altitudinales para mitigar los efectos de la nieve. Este podría ser el caso de aves como el acentor alpino o mamíferos como la cabra montés. Dichos animales, al igual que muchos otros, tenderán a disminuir de cota para mitigar los efectos del mal tiempo. Sin embargo, en circunstancias como las que hemos vivido, pueden no encontrar una zona adecuada para alimentarse, a veces ni siquiera para desplazarse. Las pezuñas, de los ciervos, son extremadamente útiles para correr a altas velocidades en suelos despejados pero, durante las nevadas, sólo valen para hundirse en la nieve, hecho que sumado al limitado acceso al alimento los convierte en presas fáciles para grandes predadores como el lobo. Animal que, al contrario que sus presas, puede desplazarse en la nieve sin quedar sepultado en ella gracias a la relación entre su peso y la anchura de sus patas, que es aproximadamente la mitad que en el caso del ciervo. Estas circunstancias facilitan que en los años con grandes nevadas la productividad de las manadas de lobos aumente al disponer de fácil acceso al alimento.

«Los animales con una mayor capacidad de desplazamiento pueden realizar migraciones altitudinales para mitigar los efectos de la nieve»

Nosotros, como un animal más, hemos tenido que adaptarnos a las duras consecuencias de ‘Filomena’, acumulando comida, encerrándonos en casa o incluso huyendo a territorios más cálidos. Aunque siempre hundiéndonos en la nieve.

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