Fotografiar la Sierra de Guadarrama


Descubriendo el paisaje cercano

el Mirador
Por Javier Sánchez Martínez (fotógrafo de naturaleza)
A la hora de fotografiar un paisaje excepcional, casi siempre pensamos en los clásicos grandes espacios, o en lugares exóticos y lejanos como el Gran Cañón, el glaciar de Perito Moreno o las nieves del Kilimanjaro… Nos olvidamos de que cerca de nuestra casa podemos encontrar ‘nuestro propio paisaje’, aquel que, sin ser espectacular por su grandeza, sí que lo es por su belleza y su descubrimiento. Este es el caso de la Sierra de Guadarrama.

Bosque de la Sierra de Guadarrama. Foto: Javier Sánchez Martínez.

A lo largo de los años como fotógrafo profesional he aprendido, después de muchas pruebas y errores, que fotografiar el medio natural es una tarea difícil, que requiere mucha dedicación y grandes madrugones, evitando la pereza, una de las mayores barreras para conseguir buenos resultados, incluso permaneciendo durante horas esperando el rayo de sol, de apenas unos segundos, entre un cielo cubierto. La paciencia y la constancia son dos buenas compañeras.

La mirada del fotógrafo junto con la luz son los componentes esenciales para poder fotografiar buenos paisajes, por encima de grandes equipos fotográficos (esto es válido para cualquier marca). Ambas variables requieren un aprendizaje. La mirada va más allá de la vista. Una buena imagen siempre tiene que transmitir ‘algo’, no sólo al espectador, también a uno mismo. Cuando encuentro un encuadre especial lo siento interiormente y es cuando creo que puede ser una buena imagen. En muchas redes sociales vemos lo contrario: cientos de ‘fotos de consumo’, correctamente expuestas, pero sin ese ‘sello’ que hace diferente a una gran foto.

“La mirada del fotógrafo junto con la luz son los componentes esenciales para poder fotografiar buenos paisajes”

Busco la sencillez y para ello hay que extraer y eliminar muchos elementos molestos, pues, cuando un fotógrafo empieza suele ser un error común el querer incluirlo todo. La naturaleza es un ‘caos hermoso’, pero no deja de ser un caos, en el que tenemos que marcar límites con encuadres y composiciones más cerrados, o simplemente aproximándonos. Por su parte, la luz también resulta muy variable, según la hora y la estación del año, ofreciéndonos imágenes muy diferentes realizadas en las mismas localizaciones. Por eso debemos estudiarla y ver cuándo es el mejor momento. En ocasiones nos valdrá como valiosos apuntes o referencias para regresar en otro momento.

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Cada fotógrafo tiene su metodología. En mi caso, siempre intento explorar nuevos lugares dentro del Guadarrama así como aplicar técnicas de largas exposiciones en cascadas y arroyos de montaña, movimientos con la cámara en los pinares o contrapicados en bosques con exposiciones múltiples. Pero también guardo en mi memoria ‘lugares favoritos’, es decir, localizaciones que considero interesantes no sólo para ir un día, sino para acudir en diferentes épocas del año. Por ejemplo, ciertos rincones del Valle del Lozoya en el colorido otoño nada tienen que ver con las formaciones de hielo del invierno o la floración y el deshielo de la primavera.

Trashumancia. Foto: Javier Sánchez Martínez.

Pero en la Sierra de Guadarrama también existe el ‘paisaje humano’ que encontraremos en los pequeños pueblos donde aún permanecen los últimos herreros, gabarreros, caleros, canteros, ganaderos… Viejos oficios que también están presentes en el paisaje peculiar de la Sierra de Guadarrama. Durante tres años, junto con mi amigo Julio Vías, escritor y guadarramista, nos hemos recorrido la Sierra para rescatar estos oficios a través de la experiencia y la sabiduría de nuestros mayores, en ocasiones los últimos testigos de estos trabajos ancestrales. De ahí encontramos mucha documentación para publicar en el 2016 el libro Sierra de Guadarrama, viejos oficios para la memoria de Ediciones La Librería. Para fotografiar estas gentes serranas fue necesario conectar con ellas y entablar un lazo de unión, una conexión para poder realizarlo en su contexto.

Los rebaños trashumantes forman otro paisaje ‘milenario’ a su paso por la Sierra de Guadarrama. Llevo cinco años fotografiándolo y cada vez es diferente, se trata de un paisaje en movimiento, cambiante y por lo tanto siempre por descubrir. En este caso es preciso ser rápido en buscar buenas localizaciones e ir cambiando nuestra posición en un rebaño en constante movimiento.

“Los rebaños trashumantes forman otro paisaje ‘milenario’ a su paso por la Sierra de Guadarrama”

Todo esto me hace acabar recordando una frase de Ansel Adams, uno de los grandes fotógrafos de paisaje y montaña, para que nos sirva como reflexión: “la fotografía del paisaje es la prueba suprema del fotógrafo, y a menudo la decepción suprema“.

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