El impacto ambiental de petardos y cohetes


Se trata de un problema que aguarda una solución urgente debido a los daños que causa sobre una parte de la sociedad, nuestras mascotas y fauna urbana 

Opinión de El Guadarramista
Por Jonathan Gil Muñoz (Director)
Arranca una nueva temporada para esta sección y lo hacemos con las mismas ganas de poner sobre la mesa situaciones medioambientales que deben ser abordadas. En este sentido, traemos a colación en esta ocasión un problema que se repite año tras año cuando llegan las fiestas navideñas. Hablamos de los cohetes y petardos y del daño que causan tanto a nuestras mascotas como a la fauna urbana. Estamos ante un grave problema que espera una solución por parte de las Administraciones públicas que parecen no querer implicarse en un asunto que a buen seguro ven impopular.

En las redes sociales, estos días multitud de personas y de organizaciones animalistas, han publicado videos en los que se ven a perros y gatos aterrados debido a los estruendos pirotécnicos. Impacta muchísimo ver a esos pobres animales en un estado de nervios tan grande que dejan de ser nuestros queridos compañeros para convertirse en un ser en estado catatónico. No son pocos los perros, por ejemplo, sobre todo los de mayor edad, que sufren infartos, sin olvidar que otros muchos, de la edad que sean, padecen trastornos de conducta que tardan tiempo en superar, en el mejor de los casos.

«Estamos ante un grave problema que espera una solución por parte de las Administraciones públicas»

Aunque hay petos y digamos que remedios más o menos caseros que nos pueden ayudar a que nuestros amigos peludos pasen el trance de la mejor manera posible, no es comprensible que tengan que sufrir todos los años el mismo terror. Es urgente por tanto actuar cuando antes para que esta situación no se repita a finales de este año y comienzos del siguiente.

Cohetes pirotécnicos.

En cuanto a nuestra fauna urbana, hay un video que también se puede ver en las redes sociales que es verdaderamente dramático. Está tomado en Roma y en él puede verse a cientos de pájaros de pequeño tamaño huyendo del atronador ruido producido por petardos y cohetes. Se los nota totalmente aterrados, pero eso no es lo peor, por las calles por las que huyen queda tras de sí un reguero de pajarillos muertos sobre las aceras y el asfalto. Es una estampa impactante, dantesca y bochornosa.

Y esto es sólo una pequeña muestra de los daños que causa a nuestra fauna urbana este tipo de celebraciones basadas en el uso de la pirotecnia. Para ellos, se trata de algo apocalíptico, inexplicable y de lo que hay que huir a toda costa, pero cuya onda expansiva es imposible de eludir a tiempo. Un enorme festival de explosiones de todo tipo y de diferente intensidad que en muchos casos acaba también con la vida de nuestros indefensos vecinos urbanos.

«Para nuestra fauna urbana, se trata de algo apocalíptico, inexplicable y de lo que hay que huir a toda costa»

Habrá quien ponga el grito en el cielo argumentando que si se prohíben los petardos y cohetes se acaba con otro sector económico en nuestro país. Nadie ha dicho que este problema tenga una fácil solución, lo que no se puede hacer es obviarlo y dejarlo estar. Es una cuestión seria, que incluso afecta a nuestra propia sociedad, ahí tenemos el sufrimiento que causan estas explosiones en los niños autistas. ¿Tampoco esto es motivo para ponerse a trabajar en una solución? Sobran argumentos y falta voluntad.

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