El pastoreo, un oficio en vías de extinción


A pesar de sus muchos beneficios socioambientales, asistimos al lento pero inexorable declive de la trashumancia y la trasterminancia 

Opinión de El Guadarramista
Por Jonathan Gil Muñoz (Director)
Muchos pueblos de la Comunidad de Madrid todavía son visitados de vez en cuando por rebaños de ovejas que son vistos con nostalgia por los ancianos del lugar y con cierta curiosidad por los más jóvenes. En la era digital en la que vivimos, parece algo anacrónico, salido de no se sabe muy bien dónde, pero tiene detrás a hombres y mujeres que son guardianes de un patrimonio inmaterial antiquísimo que luchan contra viento y marea por la supervivencia de esta tradición en vías de extinción y de su propia forma de vida. Verdaderos héroes del siglo XXI que, injustamente, lo tienen casi todo en contra.

Cada rebaño con el que nos cruzamos o que contemplamos en la lejanía, debería servirnos también para pensar en el estado de conservación de las vías pecuarias que atraviesan la Comunidad de Madrid de norte a sur y de este a oeste. No son pocas las cañadas y veredas que, como consecuencia de la pérdida de uso, han sido ocupadas ilegalmente o directamente se han cerrado al paso público, justo lo que ocurre también con un número nada desdeñable de caminos históricos madrileños.

“No son pocas las cañadas que, como consecuencia de la pérdida de uso, han sido ocupadas ilegalmente o directamente se han cerrado al paso público”

El que un rebaño de ovejas merinas, por ejemplo, recorra los antiguos itinerarios trashumantes, debería ser la excusa perfecta para que las administraciones públicas competentes, evaluaran la salud de nuestras vías pecuarias, así como los obstáculos que el urbanismo depredador ha puesto en las antiguas carreteras madrileñas. Si el número de rebaños que recorrieran nuestra Comunidad de Madrid fuera mayor, sin duda otro gallo cantaría en lo que a su conservación se refiere.

Rebaño de ovejas recorriendo una vía pecuaria.

Las ovejas, y cualquier otro ganado trashumante, a su paso por las vías pecuarias madrileñas, van limpiando los márgenes de aquellos caminos, lo que elimina una gran cantidad de materia vegetal inflamable que puede servir de mecha para los incendios forestales. Un servicio gratuito y ecológico que podemos perder en la Comunidad de Madrid para siempre si las cosas no cambian.

Y más aún, ese ganado trashumante actúa como dispersador de las semillas de muchas plantas que ingieren, cuando no sirven de alimento para multitud de pequeñas aves e insectos. Otro beneficio medioambiental que está abocado a desaparecer para siempre si no se actúa en la recuperación del paso trashumante del ganado ovino, sin olvidarnos por supuesto del caprino, en detrimento de la estabulación del ganado. Recuperar esta tradición significa garantizar una vida digna y con futuro a los pastores y ganaderos que recorren con su ganado las vías pecuarias de la Comunidad de Madrid y de España.

“Las ovejas, y cualquier otro ganado trashumante, a su paso por las vías pecuarias madrileñas, van limpiando los márgenes de aquellos caminos”

El cambio de paradigma no es sencillo, pero pensemos en todos los beneficios que procura la trashumancia allí donde perdura y hagamos, o que hagan los políticos, una valoración económica de esos servicios gratuitos que prestan a la sociedad a cambio de muy poco o directamente de nada. Estamos ante una tradición cultural de gran importancia y arraigo en nuestra comunidad autónoma que, si no se remedia, los más jóvenes sólo podrán conocer en documentales y libros.

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